jue. Sep 19th, 2019

Fake news y sancionar ya la mentira en política

Domingo Sanz: Nacido 1951, Madrid, Ciencias Políticas. Cárcel y todo eso, 1970-71. Licenciado en 1973. Director comercial empresa privada industrial hasta de 1975 a 1979. Traslado a Mallorca. de 1980 a 1996 gerente y finanzas en CC.OO. de Baleares. Actualmente jubilado pero implicado, escribiendo desde verano de 2015. _____________________________

Nos encontramos ante uno de esos problemas que llamamos transversales, en tanto que pueden interesar a cualquier persona, sea cual sea su condición o su tendencia política preferida, porque sus efectos, perniciosos siempre, se proyectan sobre toda la sociedad.

La cosa se está poniendo muy fea y es imprescindible legislar sin esperar a las próximas elecciones generales. Si Pedro Sánchez se atreviera, podría juntar los diputados necesarios para aprobar una ley que sirva de terapia de choque.

Tampoco estaría mal que Pablo Iglesias dijera algo al respecto, pues la sequía legislativa en el Congreso es de las que dan vergüenza, y afecta a todo el bloque que apoyó la primera moción de censura triunfadora de la democracia. Incluso por amor propio deberían reaccionar.

Y, por último, por poco bien que se haga, cualquier partido debería pensárselo muy bien antes de votar contra una ley de propósito general que, con seguridad, merecería el apoyo de un alto porcentaje del electorado.

A continuación, reflexiones, motivaciones y un ejemplo con el que, tras un breve paréntesis, se pueden trabajar las ideas de un borrador de procedimiento legal para poner freno a una lacra muy antigua, pero que hoy todo lo invade.

Reflexión 1. Aprovechar las oportunidades históricas.

En determinadas circunstancias los conflictos, activos o durmientes, pueden abrir las puertas al progreso. Por ejemplo, el largo periodo recorrido desde la Inquisición hasta la última dictadura convirtió nuestro currículo colectivo en uno de los más represivos contra ciertas minorías. Aún recuerdo a los residentes en las celdas de la última planta en la quinta galería de la cárcel de Carabanchel, según me corrige el camarada “Felipe”, pues yo pensaba que era la tercera, corría el diciembre de 1970 también para los presos políticos del franquismo. Treinta y cinco años después, la gran mentira sobre el atentado del 11M había dejado en tal estado de miseria política al PP que propició el entusiasmo en un inesperado gobierno de Zapatero que se atrevió a legalizar el matrimonio homosexual en un tiempo récord, poniendo a España en el grupo de países pioneros.

De la misma forma, y teniendo las élites políticas dominantes en España un historial detestable en ética y valores, podría ocurrir que, en este preciso momento, existiera una mayoría parlamentaria casual a favor de legislar por la limpieza en el discurso político. ¿Quiénes mienten más cada minuto que pasa, los políticos de los partidos que apoyaron la moción de censura, o los del PP, C’s y ese otro partido franquista, aún menor, en el que está usted pensando? Sería casi suicida no aprovechar la ocasión si la respuesta fuera la que usted se imagina que yo tengo en la cabeza.

Entre otras cosas, porque conviene tener en cuenta que los conflictos durmientes también pueden cursar en sentido contrario, retrocediendo al pasado cuando no se blindan los avances. “Sensu contrario”, muy pocos cuestionan ya el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Sigamos exponiendo motivos.

La búsqueda en Google de “mentira política” proporciona 75 millones de resultados. La misma búsqueda para “fake news” multiplica por más de diez esa cifra, con 775 millones. La proporción entre ambos datos concilia bien con la esperable entre una expresión en castellano y otra en inglés, pero que ha conseguido categoría mundial. En cualquier caso, caminamos al borde de un abismo desde el que podríamos caer a un mundo extraño e irreversible, en el que nunca más volvamos a ser capaces de diferenciar la verdad de la mentira.

No hemos llegado a este riesgo por casualidad. La confusión planificada entre lo cierto y lo falso constituye, desde hace muchos años, uno de los pilares esenciales de la sociedad de consumo. Se trata de los impactos de una publicidad masiva que miles de millones de personas recibimos cada día sin poder evitarlo. Aunque la competencia entre distintas marcas ha conducido a la implantación de algunos códigos éticos de autorregulación, y también existen normas que obligan a los anunciantes y a los medios de comunicación a diferenciar lo que es publicidad de lo que es información, se sigue colando mucho mensaje subliminal que solo persigue aumentar las ventas de unos productos disminuyendo el atractivo de otros.

Reflexión 2. La actividad política copia las pautas del mundo mercantil.

La política es, para miles de sus protagonistas, y especialmente para los líderes, en un modo de vida y, por tanto, en una mercancía. El valor de esta mercancía se mide tanto por las retribuciones directas y legales que proporciona, los sueldos y dietas, como por las indirectas, que son las “oportunidades” paralelas que se materializan en beneficios privados. Siendo la negación, ocultación y tergiversación de la verdad mecanismos imprescindibles para el mayor éxito de las retribuciones indirectas, también llamadas corrupciones varias y cuyo valor puede ser muy superior a las directas, esta dimensión del problema justifica igualmente la necesidad de establecer unas normas específicas contra toda clase de mentiras practicadas por los políticos.

Sigamos con los motivos. Según Wikipedia, las fake news se emiten “con la intención deliberada de engañar, inducir a error, manipular decisiones personales, desprestigiar o enaltecer a una institución, entidad o persona u obtener ganancias económicas o rédito político”.

Por tanto, “fake news” es un concepto más amplio que el de “mentira política”, pero es indiscutible que cuando un político miente deliberadamente lo hace con las mismas intenciones que Wikipedia atribuye a las “fake news”.

Pero las mentiras de los políticos presentan dos problemas añadidos que pueden producir, sobre todo uno de ellos, consecuencias catastróficas. El primero es que lo hacen, al igual que cualquiera otra de sus actividades, con cargo a los impuestos, es decir, mientras cobran de nuestro dinero según unas leyes establecidas en las que ningún artículo dice que “el político abajo firmante tendrá derecho a mentir impunemente”, por ejemplo. Para definir esa combinación de abuso más burla hay un refrán popular que no es necesario recordar.

Pero lo más grave es que sus mentiras constituyen, en muchos casos, métodos para ocultar actuaciones inconfesables de trascendencia decisiva en la historia de nuestro país. La pregunta es de ocasión y muy sencilla: ¿cuántas veces y durante cuánto tiempo han mentido los políticos, que ahora callan como muertos, para ocultar o negar que hubieran actuado según lo que ahora sabemos que hicieron gracias a Villarejo?

Reflexión 3. Las iniciativas de denuncia de la mentira política en los medios de comunicación no sirven.

Desde hace tiempo algunos medios de comunicación tienen programas especialmente dedicados a denunciar las mentiras de los políticos. La Sexta ha destacado con su “Maldita hemeroteca” o con las pruebas de veracidad sobre afirmaciones realizadas por políticos de todos los partidos. El problema es que no recuerdo que esa “pena de telediario” haya producido el menor rasguño en la continuidad en sus cargos de ninguna de tan ilustres personas, pilladas en clamorosos renuncios.

Pero eso no quiere decir que, a la hora de inventar leyes para arreglar problemas, haya que despreciar los experimentos previos. Como casi siempre, la sociedad se adelanta a los poderes públicos pues, parafraseando, antes entrará un autor de crímenes contra la humanidad en el reino de los cielos que veamos a un grupo de políticos legislando para poner en peligro sus privilegios.

El ejemplo para ir terminando por hoy.

Mientras investigamos donde residen hoy Hitler, Franco y otros asesinos de masas, expondremos un ejemplo de posible mentira de un político. La hemos elegido para trabajar en el borrador de legislación y procedimiento que decíamos al principio.

El domingo pasado, 13 de enero de 2019, el señor Serrano, juez en excedencia y líder en Andalucía del partido franquista, aún menor, en el que está usted pensando, ha afirmado lo siguiente:

en 2019 el 100% de los asesinos y violadores son extranjeros”.

Ahora, para no atragantarnos, abriremos un paréntesis breve para reflexionar sobre la manera de sancionar las mentiras a los políticos.

Si desea usted divulgar esta polémica a través de sus redes sociales, seguro que no causará ningún perjuicio. Si, además, está de acuerdo con la intención y tiene contacto con políticos de cualquier nivel que puedan presionar sobre políticos influyentes, transmitirles las preocupaciones que laten entre los sufridos espectadores que somos la inmensa mayoría no debería caer en saco roto.

En unos cuantos días regresaremos aquí mismo con unas reflexiones sobre la legalidad y un borrador que, para construirlo, toda aportación será muy valiosa.

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