dom. Sep 22nd, 2019

Europa necesita apostar por una sociedad inclusiva y sostenible

  • La Agenda 2030 nos marca unas directrices de objetivos y no nos dice el cómo lograrlos.

La Europa de 500 millones de ciudadanos se encuentra en varias disyuntivas. Las disparidades entre los europeos son muy grandes. Hay 113 millones en riesgo de pobreza. El 22,5%. Comparado con el año 2008, comienzo de la crisis, la población en riesgo de pobreza se ha incrementado un 4%. Por otro lado, la desigualdad se ha incrementado entre el Norte y Sur de Europa. Uno de los objetivos de la creación de la Unión Europea,  la convergencia, es insatisfactoria y la cohesión social no es una prioridad del pacto de estabilidad.

Formalmente, la Unión Europea suscribe la Agenda 2030, cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible; también el Acuerdo de Addis Abeba de financiación al desarrollo, o la Declaración de París, para evitar el cambio climático. Pero si bien hay algunas medidas tomadas que parece que van en ese sentido, hay otras inercias que dicen lo contrario. Y hasta ahora, parece que no hay una voluntad de hacer políticas que conduzcan a la consecución de la Agenda 2030, que afecta, entre otras cosas a las relaciones entre la ciudadanía de la UE y el resto de la humanidad, la comunidad internacional.

El Futuro de Europa se dilucida, según la Comisión Europea, en tres alternativas, de diferente integración, cesión de soberanía y de cooperación de los Estados.

Ya hay respuestas radicales, de separación de esta Unión Europea, como el Brexit. Pero también llamadas cívicas que consideran que esas tres alternativas no incluyen las respuestas que necesitamos. Desde las mujeres y demás colectivos con sus manifestaciones del 8 de marzo, contra la brecha salarial y una efectiva igualdad de oportunidades y el reparto de los cuidados; los jóvenes que se han manifestado con su huelga el pasado 15 de marzo, reivindicando medidas contra el cambio climático; los trabajadores por el trabajo decente y una transición justa… En cambio, la Unión Europea prima unos equilibrios económicos nacionales y un mercado único, por encima de derechos sociales y donde no se altera el hecho de que las multinacionales pagan escasos impuestos. El Tratado de la Unión premia la desfiscalización de la riqueza, del capital y de los paraísos fiscales.

Los tratados comerciales que persigue la Unión Europea (y el resto de las potencias) no tienen en cuenta a los perdedores internos y externos. No vemos que haya un énfasis en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), ¿dónde se aprecia el respeto de los derechos laborales, ambientales, del consumidor o de la contribución al bien común de la ciudadanía y cuánto los lobbies de las multinacionales? La actuación exterior europea es muy discutible a la luz de los ODS, como la guerra por vender armas, exportar basura, consumir tres planetas o cómo ante un continente envejecido pero con gran potencial, contempla al inmigrante y al refugiado.

La Agenda 2030 nos marca unas directrices de objetivos y no nos dice el cómo lograrlos. Sí nos dice que es para todo el planeta y que nuestras decisiones tienen que ser medidas en función de cómo afecta a nuestros vecinos y que no se debe dejar a nadie atrás, que vivimos en un solo planeta con vida, pero en peligro.

Todos los nuevos parlamentarios (por lo menos los que asuman un grado de aceptación humanista para todos, no solo para un grupo humano) pueden decir que sus propuestas están relacionadas con los ODS, pero la coherencia de las mismas, su calendario de puesta en marcha, su peso presupuestario, etc., revelarían la sinceridad de las mismas.

Futuro en Común, una plataforma de organizaciones sociales, ambientales y sindicales, de nuestro país, junto con sus homólogas en otros países europeos, hemos apostado por el cumplimiento de los ODS. Hemos hecho propuestas, recogidas por el actual gobierno y por el conjunto de la representación parlamentaria de la legislatura anterior, de una cierta gobernanza para el control y coherencia de la actuación gubernamental y legislativa, para la observancia de los ODS.

Sabemos de la necesaria subsidiariedad de las diferentes administraciones, incluyendo la europea. La Comisión y el Parlamento Europeo van a asumir nuevas funciones y tienen mandatos de lograr una cohesión y convergencia interna, pero también en sus relaciones exteriores. Son retos que no estamos seguros que los hayan asumido. De ahí, que la ciudadanía, de forma organizada, tendrá que velar por la coherencia de las actuaciones de nuestra representación.

nuevatribuna.es

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