19/09/2020

Espinosa de los Monteros, el amigo de Hitler

Es septiembre de 1938 y en las orillas del Ebro se está produciendo uno de los episodios más sangrientos de la Guerra de España, la Batalla del Ebro, en la que las fuerzas constitucionales republicanas tratan de frenar la contraofensiva del bando sublevado. Simultáneamente, se celebra en Nürnberg el Reichsparteitag Grossdeutschland, «El Congreso del Partido del Reich de la Gran Alemania», nombre que recibió debido a la reciente anexión de Austria. Allí, viendo desfilar desde las tribunas se encuentra Eugenio Espinosa de los Monteros y Bermejillo como parte de la comitiva franquista al congreso. El alemán no le faltaba, pues había pasado su juventud en Viena.

Eugenio Espinosa de los Monteros y Bermejillo es tío-bisabuelo de Iván Espinosa de los Monteros, portavoz del partido de ultraderecha VOX en el Congreso de los Diputados. Como cuenta Antonio Maestre en Franquismo S. A., la saga Espinosa de los Monteros formó parte de la élite franquista y posteriormente en democracia. Los marqueses de Valtierra, título que ahora ostenta el padre de Iván Espinosa de los Monteros son de esas familias oligárquicas que, como casi todas, se vieron beneficiadas por la dictadura. El propio padre de Iván, Carlos Espinosa de los Monteros y Bernaldo de Quirós trabajó para el Ministerio de Comercio hasta 1972 y para la delegación española en Chicago hasta 1976. Lo de trabajar en el extranjero parece que les venía con el apellido. El tatarabuelo de Iván, Carlos Espinosa de los Monteros y Sagaseta de Ilurdoz había sido agregado militar en Viena y embajador en París.

El dicho de «dime con quién andas y te diré quién eres» deja en mal lugar al tío-bisabuelo de Iván Espinosa de los Monteros

Volvamos a Eugenio Espinosa de los Monteros y Bermejillo. El 2 de septiembre de 1940 toma posesión como embajador de España en Berlín, un cargo que le duraría un año, si bien intenso. Es el momento en el que se intensifican las relaciones entre España y Alemania, para debatir la posible entrada de España en la Segunda Guerra Mundial: las sucesivas reuniones entre Ramón Serrano Suñer, ministro de Gobernación y posteriormente de Asuntos Exteriores, y Joachim von Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores de la Alemania nazi, así como la entrevista entre Franco y Hitler en Hendaya. Todas acabaron mal para los intereses de Alemania, que no cedió a las pretensiones territoriales de España en Marruecos.

En todas estas reuniones aparece Eugenio Espinosa de los Monteros en un segundo plano. Se le puede observar en la comitiva de septiembre de 1940 en el cuartel de la División de las SS Adolf Hitler, en el barrio de Lichterfelde de Berlín, acompañando a Serrano Suñer (que ocupa la posición central) o Sagardia Ramos en una visita guiada por Heinrich HimmlerReichsführer de las SS. En la propias fotos de la entrevista de Hendaya también aparece al fondo, al lado de Serrano Suñer (a quien llegó a odiar) durante el saludo entre los dictadores.
La negativa de Alemania de aceptar las peticiones de España para entrar en la Segunda Guerra Mundial vino acompañada de una «revancha» por parte de Franco y Serrano Suñer, traducida en el entorpecimiento por parte del gobierno franquista de las actividades de espionaje y propaganda alemanas tanto en Canarias como en el Protectorado español en Marruecos. Como cuenta Norman J. W. Goda en The Riddle of the Rock: A Reassessment of German Motives for the Capture of Gibraltar in the Second World War («El acertijo del Peñón: una reconsideración sobre los motivos de Alemania para la captura de Gibraltar en la Segunda Guerra Mundial»), en la Journal of Contemporary History (Vol. 28, nº2), el propio Eugenio Espinosa de los Monteros tuvo que presentar a finales de noviembre de 1940 ante Ribbentropp una violenta carta en la que se denunciaban actividades ilícitas alemanas en el Protectorado. Este hecho, que probablemente no le agradó en exceso a un filonazi como él, así como los desplantes durante las negociaciones, le llevaron a un intento de dimisión fallido en diciembre de ese año.

Fue ya en septiembre de 1941 cuando Espinosa de los Monteros fue cesado de su cargo. Sin embargo, a pesar de las turbulentas relaciones que se habían sucedido entre España y Alemania en los últimos meses, el 19 de agosto de 1941 Hitler y Ribbentrop despiden al embajador en el Führerhauptquartier (Cuarteles Generales del Führer), un momento que ha quedado retratado y en el que se ve una actitud cordial e incluso amistosa entre Espinosa de los Monteros y Hitler. No es raro, por tanto, que según dejan los registros del Instituto Iberoamericano de Berlín (accesibles en la web del instituto, en los anexos al artículo de Nagel, S. Brücke oder Brückenkopf), de nuevo aparezca Espinosa de los Monteros en la capital alemana en el verano de 1942. Sorprende, pues el ex-embajador ya no vivía en Berlín, sino que estaba destinado en Burgos. En estas actas además de mencionar su visita al instituto, se describe una interesante (y no menos informativa) comitiva: el general Agustín Muñoz Grandes, mandatado por Franco al frente de la División Azul y partidario intervencionista en la Segunda Guerra Mundial; Ernesto Giménez Caballero, por entonces alto cargo de Falange y que en diciembre de 1941 había planteado (sin éxito) a Joseph Goebbels a través de Magda Goebbels la necesidad de un matrimonio entre Adolf Hitler y Pilar Primo de Rivera, para crear una dinastía hispano-austriaca (ahí es nada); así como otros miembros de la División Azul.

Desde luego, el dicho de «dime con quién andas y te diré quién eres» deja en mal lugar al tío-bisabuelo de Iván Espinosa de los Monteros. Es cierto que los hijos no son responsables de lo que hacen sus padres, menos aún de lo que fuera un pariente tan lejano. Sin embargo, no deja de sorprender que «la España que madruga», «los hombres hechos a sí mismos», es decir, los representantes de la supuesta meritocracia como intentan erigirse algunos líderes de VOX como Espinosa de los Monteros, deban mucho a su posición familiar, a esa herencia de sangre que disfrutan las élites franquistas (algunas ya en el poder desde la Restauración) y posteriormente perpetuadas del Régimen del 78, una posición desde la que aleccionan a quienes sudan para poder comer y pagar una vivienda. Por eso está bien recordar de dónde vienen ciertos apellidos.


Jaime Martínez Porro | Militante de IU Berlín

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