25/09/2020

El Silbo Gomero en el sistema educativo canario

A instancias de Milagros Luis, me pongo a pensar en el proceso que llevó a esta Comunidad Autónoma a curricular el Silbo Gomero e incorporarlo a las enseñanzas de lengua en primaria y secundaria. No puedo evitar que, como si de un caleidoscopio se tratara, múltiples imágenes de personas entusiastas se agolpen en mi memoria.

Era el año 1993, y yo ejercía como técnica de innovación e investigación educativa en la recientemente creada Dirección General de Ordenación Educativa de la Consejería de Educación, del Gobierno de Canarias. Fue una época de grandes cambios y eran muchas las innovaciones que había que incorporar a la escuela. Entre las tareas de ese puesto estaba impulsar programas educativos que desarrollaran los contenidos transversales incorporados con la LOGSE (1990): la Educación Ambiental, La Igualdad de Oportunidades, la Educación Afectivo Sexual, Las Nuevas Tecnología de la Información, La Educación para la Salud, y por supuesto los Contenidos Canarios.

Oí hablar del Silbo Gomero por primera vez a Rogelio Botanz, en una reunión del programa Contenidos Canarios. Me contó qué era el Silbo: un lenguaje articulado silbado que antiguamente se aprendía en el seno familiar, que se usaba para resolver problemas y se aprendía como se aprende la lengua materna

Había mucho que transformar y la LOGSE abrió la puerta a la incorporación de los contenidos propios de las distintas comunidades autónomas a los currículos en un el 35%.

Oí hablar del Silbo Gomero por primera vez a Rogelio Botanz, en una reunión del programa Contenidos Canarios. Me contó qué era el Silbo: un lenguaje articulado silbado que antiguamente se aprendía en el seno familiar, que se usaba para resolver problemas y se aprendía como se aprende la lengua materna.

Me habló de Ramón Trujillo y Marcial Morera y de sus investigaciones. Me explicó que sólo en México, los indios zapotecas tenían un lenguaje parecido. Me contó que quedaban pocos silbadores y me habló de Lino Rodríguez e Isidro Ortiz. También me contó que las AMPAS de la Gomera, habían empezado a enseñarlo como actividad extraescolar y que había que actuar urgentemente, si no queríamos que un patrimonio tan importante desapareciera con los últimos silbadores.

Había creado en mí el sentido de urgencia necesario para poner en marcha el proceso, pero no era algo fácil. Existían, por aquel entonces, enormes resistencias y éramos conscientes de que si queríamos que la enseñanza del Silbo se consolidase, se hiciese extensiva y perdurase en el tiempo había que incorporarlo a la escuela, pero no como actividad extraescolar había que incorporarlo al curriculum.

Existían, por aquel entonces, enormes resistencias y éramos conscientes de que si queríamos que la enseñanza del Silbo se consolidase, se hiciese extensiva y perdurase en el tiempo había que incorporarlo a la escuela, pero no como actividad extraescolar, había que incorporarlo al curriculum

La primera vez que lo comentamos nos dijeron de todo menos bonitas; la ortodoxia técnico educativa no veía la incorporación de un contenido tan parcial (solo se daba en una isla). No voy a contar aquí el debate que fue largo, tedioso y cargado de tecnicismos a favor y en contra, pero tras esas primeras reuniones fuimos conscientes de que no iba a ser un proceso rápido. Por otra parte, la necesidad de diseñar una estrategia que nos condujese al objetivo era algo perentorio. No sabíamos lo que tardaríamos, pero teníamos claro que había que conseguir que en La Gomera los niños aprendieran a silbar, para que un valor cultural y patrimonial de tanta importancia no se perdiera.

El sentido de urgencia estaba establecido, y había que dar otro paso: generar alianzas. Eso nos llevó a mantener reuniones con las AMPAS de la Gomera. Adelma, su presidenta, una mujer enérgica y entusiasta, con quien tuve la suerte de coincidir durante aquellos años en el Consejo Escolar de Canarias, nos contó el trabajo que estaban desarrollando.

Aprovechamos una visita a la isla para una presentación de proyectos de innovación y establecimos líneas de actuación con la Inspección y el Centro de Profesorado. En La Gomera lo tenían claro, pero había que conseguir que lo tuvieran también en el resto de las islas. Teníamos que desarrollar una visión clara y comunicar a la sociedad la importancia de preservar y extender un valor propio del patrimonio canario.

En los inicios, muchas fueron las acciones y muchas las personas implicadas, pero todo habría sido mucho más complicado sin el entusiasmo de Rogelio, de Adelma, de los monitores de Silbo, y sin la importante aportación de Ramón Trujillo y Marcial Morera desde la Universidad de La Laguna.

En los inicios, muchas fueron las acciones y muchas las personas implicadas, pero todo habría sido mucho más complicado sin el entusiasmo de Rogelio, de Adelma, de los monitores de Silbo, y sin la importante aportación de Ramón Trujillo y Marcial Morera desde la Universidad de La Laguna

Es de justicia reconocer que el compromiso político de las personas que estaban al frente tanto de la Consejería, José Mendoza, como del Gobierno, Manuel Hermoso y sus respectivos Gabinetes. Sin duda eso facilitó las cosas, sobre todo a la hora de visibilizar el Silbo en las otras islas. En los actos de celebración del día de Canarias del año 1994 y 1995 se hicieron demostraciones de Silbo en Gran Canaria y Tenerife, a las que acudieron los maestros silbadores, los monitores y los niños. En las jornadas de Innovación educativa de 1994 y 1996, a las que acudían docentes que desarrollaban proyectos innovadores en toda Canarias, se presentaron experiencias impulsadas por el programa de Contenidos Canarios, sobre el trabajo que se desarrollaba en la Isla de La Gomera.

Pero había que dar el paso definitivo convencer a los técnicos de la necesidad de hacer un adecuado engarce en los curricula, para consolidar estas experiencias y conseguir que no se perdiera un patrimonio tan importante.

El trabajo colectivo empezaba a dar sus frutos, pero las cosas no iban tan rápido como nos hubiera gustado, hubo que esperar a 1997 para que en el Parlamento de Canarias se presentara una proposición no de Ley para introducir el Silbo Gomero como asignatura. Esta proposición fue aprobada por unanimidad el 26 de julio de 1997.

En 1998 se constituyó la primera comisión técnica del Silbo Gomero formada por catedráticos de lingüística y de didáctica de la lengua de la Universidad de la laguna, profesores de lengua y literatura y latín, ejercientes en la isla, los dos monitores de silbo, el responsable del programa de contenidos canarios y la presidenta de la federación de AMPAS de La Gomera. La tarea principal de esta comisión era dar orientaciones para la elaboración y diseño de materiales educativos sobre el silbo, que sirvieran de apoyo a su enseñanza y fundamentalmente abrir el camino para la regulación de los contenidos.

En julio de 1999 vio la luz la Orden que reguló las enseñanzas del Silbo, dando carta de naturaleza a su trabajo en la escuela. Engarzada en los decretos de currícula para primaria y secundaria vigentes a la sazón en el archipiélago, concretamente en el área de lengua castellana en los que se establece la necesidad de que el alumnado de Canarias conozca su patrimonio, lo aprecie, lo conserve y lo promocione.

En aquella orden se atribuyó a la dirección General de Ordenación Educativa la elaboración del curriculum de una materia optativa para secundaria, la formación del profesorado y la promoción de jornadas, encuentros y debates. En resumen la promoción del Silbo. Se consolidó así normativamente el proceso iniciado en 1993.

Cuando se publicó la Orden, ya hacía dos años que no me ocupaba directamente de los programas, pero recibí con gran alegría la noticia de su publicación. Siempre había seguido el proceso muy de cerca. Al finalizar ese mes de Julio dejé mi puesto de técnica de innovación e investigación educativa, para asumir otras responsabilidades.

El impulso a la enseñanza del Silbo marcó mi trayectoria, entre otras cosas me hizo ver que cuando hay algo que merece la pena conservar e impulsar, necesitas rodearte de aliados entusiastas y pocas cosas son imposibles de hacer cuando hay interés y personas con voluntad de hacerlo. Muchos participaron en este proceso, sería imposible mencionarlos a todos. Vaya desde aquí mi reconocimiento por todo lo que me enseñaron.

El Silbo Gomero fue incluido en la Lista de Patrimonio Cultural Inmaterial el 30 de Septiembre de 2009. En esa época yo había vuelto a la Dirección General de Ordenación Educativa pero esa historia tendrá que contarla Aránzazu Gutiérrez, que la vivió en vivo y en directo.


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