26/11/2020

El negocio oculto del reciclaje ¿mito o realidad?

Raro es encontrar alguna actividad donde no haya ningún tipo de beneficio para alguna de las partes implicadas. Porque si no, ¿qué interés podría tener esta labor para quienes la llevan a cabo? Nadie trabaja gratis ni de manera desinteresada, por lo que el reciclaje, como cualquier otra actividad, debe de esconder algún tipo de negocio del que alguien se lucre. Eso dice, al menos, la leyenda que circula de boca en boca como excusa para no reciclar.

Si esto es así, y hay quien se beneficia en este proceso, desde que echamos un envase al contenedor correspondiente hasta que se convierte en otro nuevo, la idea verde, ecológica y sostenible que mantiene el reciclaje se caería por su propio peso. Por lo que no hay más que prestar un poco de atención al proceso del reciclaje, sus intervinientes, su finalidad y sus resultados para descubrir que, efectivamente, tras el intrincado desarrollo del reciclaje se esconde un claro beneficiado: el medioambiente.

Un proceso sin trampa ni cartón

Para saber si el reciclaje esconde algún tipo de negocio o no, hay que mirar primero quién está detrás de él, quién se encarga de transformar materiales ya usados en otros listos para ser utilizados de nuevo. En España, el reciclaje está gestionado por entidades ambientales sin ánimo de lucro, como son Ecoembes (envases de plástico latas y briks y de papel y cartón), Ecovidrio (envases de vidrio), Signus (neumáticos) o Sigre (medicamentos), entre otros. Es decir, organizaciones que, tal y como marca la ley, no pueden obtener beneficios por su actividad. De manera que todos los ingresos obtenidos son destinados a sufragar los gastos que genera el sistema de reciclaje. De principio a fin. En el caso del reciclaje de envases, desde los camiones que los recogen hasta las campañas de concienciación a la ciudadanía, así como los conocidos contenedores de colores de la calle.

Pero ¿quién paga todo esto? Evidentemente todo el proceso tiene un coste importante, pero la financiación de todo ello corre a cuenta de las empresas que ponen envases en el mercado, pues en España la Ley de Envases 11/97 así lo deja reflejado. Solo hacen falta unos árbitros, las organizaciones ambientales de las que hemos hablado antes, para garantizar que todo el proceso se lleva a cabo como es debido. Estos coordinadores sin ánimo de lucro trabajan para que todo vaya sobre ruedas, de manera que el dinero pagado por las empresas se pueda utilizar en costear, mejorar y reforzar el sistema de reciclaje colaborando con los ayuntamientos de toda España.

Una cadena que no se puede romper

El proceso de reciclaje es una cadena circular en la que el conjunto de la sociedad tiene un papel fundamental, desde los ciudadanos hasta las administraciones y las empresas que ponen los productos envasados en el mercado. Es necesario la participación de cada uno de ellos el reciclaje sea posible. Unos separando y depositando los envases en su contenedor correspondiente, otros recogiéndolos y transformándolos en nueva materia prima, y otros financiando el proceso.

Si hacemos de nuevo referencia a la ley antes comentada, la 11/97, podemos ver que esta recoge que son las empresas las que costean todo el sistema de reciclado. Ellas son las encargadas de financiar el coste los contenedores de colores de las calles, su recogida y traslado a plantas de selección y el salario de los conductores, entre otras. Cuando un envase tiene el Punto Verde, ese símbolo ambiental verde con dos flechas circulares, significa que la empresa ha pagado para que ese envase sea reciclado.

Pero la implicación puede ser aún mayor. Hay empresas que llevan su responsabilidad ambiental un paso más allá del reciclaje, y lo hacen a través del ecodiseño, lo que significa diseñar envases más sostenibles y con la menor huella ambiental posible. De esta forma se reduce la materia prima utilizada y se facilita su reciclaje, por lo que es importante que las organizaciones que coordinan el reciclaje, como Ecoembes, Ecovidrio Signus… impulsen estas medidas para que sean implantadas por cada vez más empresas. Así, sin que falle el papel de cada uno de los eslabones de la cadena, es como se consigue que a día de hoy el reciclaje sea el hábito ambiental más extendido entre los españoles.

Envases que vuelven a ser envases

Visto que el reciclaje no es ningún negocio, cabe plantearse si todo esto sirve para algo o no. El reciclaje tiene como objetivo la reutilización de los materiales ya existentes para evitar la extracción de nuevas materias primas y todo lo que eso conlleva. Y, para comprobar su efectividad, basta con mirar las cifras del año pasado. En 2019 se reciclaron 1.505.661 toneladas de envases de plástico, latas, briks (contenedor amarillo) y papel y cartón (contenedor azul), lo que evitó la emisión de 1,67 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera. Es decir, la misma cantidad de CO2 que emiten las centrales de carbón en España durante dos meses. De manera que, gracias a la colaboración de los ciudadanos, las administraciones y las empresas se han conseguido unos beneficios ambientales para nuestro entorno que no son nada desdeñables.

Además, muchos de los envases que utilizamos en nuestro día a día fueron en su momento otros envases: no sería raro que el bote de champú que tengamos ahora mismo en el baño esté fabricado con plástico PET reciclado proveniente de otros envases elaborados con el mismo material. Pero no solo eso. Los envases que van al contendor amarillo también se pueden convertir en tuberías de PVC, mangueras de regadío, aislantes térmicos, mobiliario urbano y un sin fin de productos que dan al material de los envases una nueva vida, cerrando así el ciclo del reciclaje y evitando recurrir a nuevas materias primas.

 

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