jue. Sep 19th, 2019

Ébola: Improvisación, desgobierno e hipocresía

El virus letal del Ébola, que tiene la escalofriante cifra de mortalidad de nueve de cada diez infectados y que se extiende, fundamentalmente, por el África Occidental, ha llegado a Europa, concretamente a España y con él se han desatado todas las alarmas, todos los bajos instintos del ser humano y todas las miserias de los que hoy nos gobiernan.

Lo primero que debería hacernos reflexionar y sonrojarnos a todos es el hecho de que, aunque el Ébola lleva años diezmando poblaciones africanas, hasta que no se han infectado dos norteamericanos y un español, ni desde la todo poderosa USA ni desde la civilizada y vetusta Europa, hemos prestado atención alguna a otra de las muchas tragedias que se ceban con los más desfavorecidos de nuestro planeta.

Consecuencia de lo anterior es la segunda reflexión, ¿por qué las farmacéuticas no han invertido en la investigación de una cura para esta letal enfermedad? Fácil, los enfermos son pobres, pobres de solemnidad, por lo que el medicamento no sería rentable, solo el contagio de ciudadanos estadounidenses ha impulsado la investigación. No le demos más vueltas, en este mundo, la vida de los que no tienen nada tampoco vale nada. Si nos queremos poner “conspiranoicos” hay quien piensa que este tipo de virus letales son creados en laboratorios secretos como armas biológicas para futuras guerras y que solo los militares tienen el remedio por si quedan infectadas sus propias tropas…

Hecha esta introducción me pararé un momento en el hecho de lo sucedido cuando se conoció la infección por el virus del Ébola en Liberia del sacerdote español, Miguel Pajares, de una parte estaban los que consideraban que gastar un millón de euros en repatriarle en un avión medicalizado cuando a otros españoles, como la madrileña, Emna Rodríguez que contrajo en Argentina una neumonía atípica que le causó finalmente la muerte, se les negó esa ayuda por considerarla demasiado costosa para la Seguridad Social, era un agravio comparativo inexplicable.

Hay también quien pensó que repatriar al sacerdote por razones humanitarias, en agradecimiento a su dedicación a los más necesitados, pero dejar allí a las hermanas de su orden también infectadas porque eran de Mali, máxime cuando el avión disponía de 5 plazas fue de una crueldad intolerable que solo la hipocresía de algunos que se dicen “creyentes” puede justificar.

No faltan los que opinan que utilizar un suero experimental en el español, como antes se hizo en los norteamericanos, cuando se ignora la muerte a diario de inocentes en África da una clara imagen de los que dirigen el primer mundo, tan solo preocupados de levantar las más altas alambradas sembradas de concertinas asesinas para evitar que la miseria y el hambre cruce nuestras fronteras en busca de un futuro mejor. Ojos que no ven, corazón que no siente y eso es lo que se hace con el tercer mundo, mirar para otro lado.

Dejando el tema moral, que como vemos ha dado para mucho, entramos en cómo el Gobierno de Mariano Rajoy, y en concreto el Ministerio de Ana Mato, han gestionado esta emergencia sanitaria. Lo primero que se ha hecho es reabrir una planta del Hospital público madrileño Carlos III, hasta su cierre por los recortes populares, centro de referencia en enfermedades infecciosas de España. Se quejan los profesionales sanitarios de improvisación, desconcierto y falta de información por parte de las autoridades sanitarias, que han debido suplir, como siempre, con profesionalidad y entrega. Se quejan ellos, y nos quejamos nosotros también, de que el gobierno popular de Madrid, con el consentimiento de Sanidad, desmantele un centro pionero y único en España con el fin espurio de ahorrar, tenga que abrirlo a toda prisa y lo vuelva a cerrar una vez fallecido el sacerdote. Despropósito, tras despropósito.

Esta semana ha saltado la alarma con un paciente nigeriano en un hospital de Alicante que parecía estar afectado por el virus del Ébola. No es descabellado, los ciudadanos residentes en zonas afectadas por la epidemia viajan libremente por el mundo y la enfermedad tiene un periodo de incubación de veintiún días por lo que tarde o temprano la alarma será real, habrá un enfermo en territorio español y el PP tendrá que volver a reabrir el Carlos III haciendo nuevamente el ridículo.

Me dejo para el final la actuación estelar de la Ministra de Sanidad Ana Mato, desaparecida durante toda la crisis motivada por la repatriación del sacerdote infectado por el Ébola en Liberia a un hospital en Madrid, desaparecida disfrutando de la playa en sus vacaciones veraniegas y que solo reapareció en el funeral del mismo, alegando que la Ministra no tenía por qué ser protagonista, que para eso estaban los protocolos (esos que dicen los médicos que no tienen) y los profesionales sanitarios que ya saben lo que tienen que hacer (esos que se quejan de que están abandonados por las autoridades sanitarias).

 

http://www.publicoscopia.com

Marta Garrote

Abogada y Secretaria de Políticas Autonómicas de la Agrupación Socialista de Chamartín.

Twitter: twitter.com/martuniki


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