19/01/2021

Carambolas de Rajoy en El Pardo

Domingo Sanz: Nacido 1951, Madrid, Ciencias Políticas. Cárcel y todo eso, 1970-71. Licenciado en 1973. Director comercial empresa privada industrial hasta de 1975 a 1979. Traslado a Mallorca. de 1980 a 1996 gerente y finanzas en CC.OO. de Baleares. Actualmente jubilado pero implicado, escribiendo desde verano de 2015. _____________________________

Es tal la velocidad de vértigo y susto combinados que Trump ha impuesto en la escena mundial que consumimos la vorágine de acontecimientos sin sacar todo el jugo que destilan las intenciones de sus promotores, siempre sospechosas. En este contexto, quienes con instinto de conservación de la especie humana se oponen radicalmente  a cualquier acción militar que no sea en defensa del territorio propio solo tienen una capacidad de respuesta limitada, incapaz de conquistar esas pantallas, las grandes, que podrían ralentizar el avance de la máquina infernal.

Una noticia que nos puede servir de ejemplo para lo dicho es la de la reunión convocada por Rajoy el lunes pasado, día 10, en El Pardo, y a la que también han asistido sus equivalentes de Francia, Italia, Portugal, Grecia, Malta y Chipre.

Dando por supuesto que cualquier convocatoria al más alto nivel debería pactar previamente hasta el menor de sus detalles para que cualquiera de los participantes pueda regresar a sus respectivos países con dignidad, todo hace pensar que, en esta ocasión, el aliado más convencido de Trump en el sur de Europa ha buscado, y aparentemente conseguido, la satisfacción de una foto y de ciertos deseos ocultos, alguno quizás inconfesable. Según el medio en que leamos la noticia, se destacan unos u otros aspectos, echando en falta algún elemento que ni siquiera se comenta en la letra pequeña.

El motivo oficial era el de fijar una posición común del Mediterráneo europeo ante el Brexit. No merece la pena dedicar aquí ese tiempo, pues este proceso impide prever ni el día siguiente y, por tanto, convierte en papel mojado lo que puedan firmar un grupo de endeudados inestables, o de menor tamaño, como es el de los reunidos en El Pardo. Pero sí se han deducido del encuentro otras consecuencias.

En primer lugar, a destacar la necesidad perentoria de Rajoy de aparentar importancia en Europa, donde el retroceso de nuestra presencia alcanza tintes de drama. Nadie en la UE se cree las patrañas que el gobierno divulga en España sobre la “salida de la crisis”, en la que sus méritos reales han sido los incrementos de la deuda y la desigualdad social. Nuestros acreedores saben que los factores principales han sido el BCE y el precio del crudo, positivos en toda Europa, pero también, particularmente beneficioso para España, el regreso de un turismo que había recalado en el norte de África hasta que llegó la primavera árabe. El saldo del conocimiento de la verdad es que los que mandan nos niegan la tajada institucional que le debería corresponder a un país como el nuestro.

Por otra parte, algo tenía que hacer Rajoy para reparar el honor de los europeos del Sur, mancillado por Jeroen Dijsselbloem con aquello de que por aquí nos gastamos las ayudas europeas en “alcohol y mujeres”, palabras que no retira pero sobre las que no deja de manifestar lo mucho que le duelen, antes de ayer otra vez, y ya han transcurrido bastantes días del delito, una eternidad al ritmo actual. Al protegido de Schäuble, de partido distinto pero ambos del mismo grupo de países acreedores, que es lo que importa, le aconsejamos que no generalice y que, si se atreve, le ponga nombres y apellidos a los dilapidadores de fondos europeos. En resumen, que en lugar de enfrentar poblaciones inocentes insulte a los que deciden los gastos, que son los “colegas” con los que se tiene que ver las caras en Europa. Y ya puestos, a los dos “vicios” citados puede añadir el de comilonas como esta de la que estamos hablando.

No le ha venido mal a Trump la reunión de El Pardo, por más que no le haga falta encomendarse a nadie más que a su almohada para bombardear cualquier país soberano y miembro de la ONU desde buques con base en Rota, España, también un país que no es USA y al que vuelve a convertir en objetivo terrorista, que muchas vueltas da la vida. Que le vaya a otro con ese cuento de que no le dejan dormir las fotos de niños asesinados con armas químicas si no son sus nietos. El caso es que Rajoy ha conseguido ser el campeón de los aduladores del mandamás más peligroso del mundo. No sorprenden las “comprensiones” del gallego y el chipriota, pero si las de los presidentes francés, portugués, griego, italiano y maltés.

Y no podía faltar el postre, este para consumo interno. Rajoy, ese político que “avanza sin moverse” en feliz ocurrencia o plagio del inventor de los jarrones chinos marca “ex”, no da puntada sin hilo y aprovecha cualquier ocasión para promocionar las enseñas más notables de su ideología primera. Y ya que el Pisuerga…, cómo no recordar a González embarcado en el Azor, cuando corría el año 1985 de aquel felipismo absoluto, reciclaje de franquistas y creador del mejor caldo de cultivo para una corrupción generalizada, que nuestros nietos seguirán pagando de sus bolsillos.

Dado que Rajoy, siempre que puede, araña sutil las heridas más antiguas de los perdedores para enviar señales inequívocas a los suyos, los millones que nunca condenaron ni jamás condenarán la guerra civil y su dictadura, citó en El Pardo, tan de Franco como el yate, a los líderes de cinco partidos más bien progresistas, más el chipriota. No se le ha ocurrido invitar a comer a los seis ni en La Moncloa, ni en el Palacio de Oriente, ni tampoco una paella en Valencia, aunque los del PP hayan perdido esas playas de tanto robar, presuntamente. No, ha tenido que obligarlos a sentarse allí donde el dictador y su banda de exterminadores firmaban las muertes de inocentes como Grimau con una mano, mientras indultaban a delincuentes como Jesús Gil con la otra.

Puestos a ofender, el Valle de los Caídos, tan de moda, hubiera sido una apuesta más coherente para el ágape y, de esta manera, seguir dejando bien claro que de los símbolos más sagrados no se ríe nadie, pues para meter miedo a la libertad, como antes, es para lo que se modificó el Código Penal. Ya que estamos, y aunque con decenios de retraso, nunca es tarde para que a los emblemas del franquismo, aquellos que no haya que destruir, se les asigne un papel informador y educador contra los sistemas políticos basados en el terror, tal como ocurre en los países europeos en los que sus guerras interiores no las ganaron los criminales.

Domingo Sanz

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