30/09/2020

Canarias. Marco social y económico de la sociedad colonial (III)

Francisco Javier Gonzalez

Inicio de la Sociedad Colonial 

 

Lugo contrató, con licencia de los Reyes, en Sevilla numerosos canarios horros que se reunían alrededor de la Puerta de la Carne o de Vib-Ahoar  para subsistir como podían. Otros canarios habían regresado a Gran Canaria liberados por lo que, al aumentar el número de indígenas, aunque aculturados, el Concejo de la isla quería quitárselos de encima temiendo una rebelión y para ello solicitaba su expulsión al pesquisidor Maldonado. Así, cuando Lugo prepara la expedición a Tenerife, vieron una salida a su situación y se unieron a los canarios contratados en Sevilla que se alistaron a las banderas de Lugo. A la conquista acude también Fernando Guanarteme con sus partidarios. No encuentro datos que confirmen si Fernando Guanarteme y sus hombres vinieron a esa conquista voluntariamente o fue por orden real. En la información de nobleza que solicita su hija  Margarita Fernández Guanarteme, esposa de Miguel Trejo y Carvajal, que se realiza el 23 de mayo de 1526 en el Real de Las Palmas ante el teniente de gobernador de la isla, licenciado Francisco Pérez de Espinosa, en la pregunta 15 y última del interrogatorio de testigos a Juan Baxo, vecino de Gran Canaria que formó parte del ejército de Lugo en la conquista, en documento recogido por G. Chil y Naranjo, se dice textualmente: “Iten si saben que sus Altezas por su Real Cédula mandaron a el dicho D. Fernando Guadnarteme ir a la conquista de las Islas de Tenerife y de La Palma a les servir en las ayudas a ganar, y el dicho D. Fernando así lo hizo e trabajó e sirvió mucho en la conquista de ellas en la compañía del Adelantado e Capitán D. Alonso de Lugo con sesenta parientes principales de los naturales de esta Isla de la Gran Canaria a sus propias costas y espensas donde gastó todos los mas de sus bienes que en esta Isla le habían quedado” de donde parece deducirse que hubo orden real de participar, aunque la contestación del testigo Juan Baxo en este aspecto poco aclara: “…no sabe si los dichos hombres los llevó a su costa, más de cuanto vía que el Adelantado el Capitán don Alonso de Lugo les daba de comer y que no sabe este testigo si el dicho Guadnarteme fue a la dicha conquista porque se lo mandaron Sus Altezas o de su voluntad e que vido que el dicho Guadnarteme e los que consigo llevó sirvió mucho en la dicha conquista a Sus Altezas e que vido este testigo que el dicho don Fernando Guadnarteme, por mandato del dicho Adelantado e Capitán, fue a donde estaba el Rey de Anaga, rey guanche, el cual estaba de paces, a le decir y requerir que se viniera a ayuntar con el dicho Adelantado e los cristianos…)

El papel de estos canarios, junto a otros “isleños” -así llaman en las crónicas a los mahoreros de Lanzarote y Fuerteventura- aportados junto a gomeros por Inés Peraza, fue clave en el éxito de la operación de conquista y en la consiguiente colonización. Decisiva fue su actuación en la batalla de La Laguna cuando los guanches, erróneamente, entraron en combate en campo abierto con las tropas de Lugo. Una parte del ejército invasor, unos 250 hombres entre peones y a caballo, había quedado en la Torre de Añaza. Según el testimonio de Juan Baxo sobre la actuación de Guanarteme, cuando llegaron noticias al real de Santa Cruz de que Lugo estaba en los llanos de Aguere en serias dificultades frente a Bencomo “el Rey grande que se llamaba el Rey Venitomo de Taoro”… “la gente del real de Santa Cruz salió en socorro del dicho Adelantado e en el camino estaba un caballero que se decía Hernando del Hoyo e otro que decían Juan Benites defendiendo que gente ninguna subiese de allí arriba teniendo o creyendo que el Adelantado era muerto, con la gente que consigo tenía e mandándoles e forzándoles que volviesen a favorecer  en amparar la torre e real…se juntaron allí bien doscientos y cincuenta hombres de pelea entre los cuales llegó el dicho don Fernando Guadnarteme con veinte y cinco o treinta hombres de sus naturales e los dichos dos caballeros le requirieron e defendieron que no subiese arriba a la laguna donde el Adelantado estaba, sino que volviese a amparar la torre, e que este testigo oyó decir a el dicho Guadnarteme que no había de parar hasta que viese la cara del Adelantado e Capitán General muerto o vivo, como quier que estuviese, e luego se puso en armas por manera que se hizo lugar por do salió él y su gente e más de doscientos peones e caballeros castellanos que allí estaban e rompieron, aunque pasó a los caballeros e fueron a el socorro del Adelantado e entraron todos en la batalla e desbarataron los guanches e vino vivo el Adelantado”. Otro testigo que también participó en la batalla de Aguere, Gonzalo de la Fuente, declaró que esa intervención de Guanarteme es la que originó que “salió el Adelantado del aprieto e ovieron victoria”.

De muchos de estos canarios hay constancia de sus nombres y del lugar que luego ocuparon sobre todo siguiendo las datas de tierras, aguas y esclavos que obtuvieron. Algunos de ellos eran ya personajes prominentes antes de que Gran Canaria fuera conquistada como Maninindra (Pedro) o Bentagayre (Alonso), incluso hay un Juan Doramas que, probablemente era pariente del gran caudillo Doramas. Este Juan Doramas, casado con María Fernández también canaria, tuvo cuatro hijos. Uno de los dos varones, segundo con el mismo nombre Juan Doramas, casó con Isabel Pérez, nieta del que fue Rey don Diego de Adexe y una de las dos hembras, María Fernández, casó con otro canario de los que vinieron con Lugo, Pedro de la Lengua.

Antonio de Viana, siguiendo la estela de Bartolomé Cairasco,  en su incursión poética en nuestra historia precolonial y de la invasión española, cuando compuso su conocida fantasía poética “Antigüedades de las Islas Afortunadas”, no pretendía ser cronista sino poeta y, a lo más, ensalzar a la familia Guerra de entre los conquistadores. Por eso, en su poema incluye muchos nombres de estos canarios, unos reconocibles, pero otros son de su mera invención como, por ejemplo, la presencia de Adargoma, guaire de Galdar, que tras ser hecho prisionero en la batalla de Guiniguada por Rejón lo bautizaron como Alonso y fue enviado a España de donde no se conoce que pudiera volver a su patria de origen. De todas formas, muchos, como dije, son perfectamente conocidos e identificables por las Datas que se les conceden. Entre ellos, otro pariente de Fernando Guanarteme de su mismo nombre, Hernando o Fernando Guanarteme, que obtuvo importantes datas en distintas partes de Tenerife a quien que el Cabildo de Tenerife autorizó en 1508 a portar armas lo que ya era un trato preferente frente a otros indígenas. Trató incluso de conseguir privilegio de hidalguía sea por compra o por concesión, para lo que comisionó ante notario a Juan de Contreras para que, en su viaje a la Corte española, tramitara ese expediente mediante el pago de diez doblas de oro. Casó con María Vizcaíno, pero no tuvo hijos con ella, aunque sí una hija, Leonor Fernández, habida con Inés, una esclava guanche. Esa hija lo heredó y casó con otro canario, Juan Alonso. Otro guaire canario, esta vez de Telde, Autindana o Dutindana antes de cristianado, lo agrega Viana en su nómina de conquistadores confundiéndolo con un pariente cercano, Juan Dana, un hijastro de Rodrigo el Cojo (Rodrigo de la Gran Canaria o Rodrigo el Coxo). Casado con otra canaria Catalina Sánchez, tuvo cuatro hijas y un hijo, casados todos a su vez con canarios/as. Se hace evidente si seguimos a todos los canarios avecindados el carácter tribal cerrado de sus relaciones.

La Nación Canaria, hay que entender, que no existía antes de la invasión y conquista española. Comienza a nacer con la colonización y se va forjando con el concepto adquirido postconquista de “canariedad”. Ni siquiera la isla era un todo homogéneo como prueban las diferentes posiciones ante la conquista de los menceyatos -en realidad comarcas naturales de Tenerife- en bandos de guerra y bandos de paces, o las divisiones en La Palma y en otras islas. Las diferencias las vemos claras en las crónicas que para designar a los conquistadores hablan, singularizando, de castellanos y andaluces; canarios; gomeros; isleños o mahoreros –para los de Fuerteventura y Lanzarote-; palmenses; y para los indígenas tinerfeños, de guanches.  Hace pocos días publiqué parte de “El Triunfo Gomero” de Vasco Díaz que decía para los habitantes de Gomera no españoles hacia 1530 “Los naturales isleños/tienen vivienda terrestre/ entre gomeros, herreños/assaz guanches y palmeños/ con su loquela silvestre” tal como los diferenciaban un español.

Para 1498 Rumeu de Armas habla de que en la isla quedan unos 300 guanches de paces. Para Cebrián Latasa, en la aproximación que incluye en su “Ensayo para un Diccionario de Conquistadores de Canarias”, se habían avecindado en la isla 451 conquistadores, la mayoría con sus correspondientes familias. De ellos 102 eran españoles (castellanos y andaluces, sobre todo, y de ellos son 11 conversos judíos o moriscos probablemente alistados también en Vib-Ahoar, entrada a la Aljama); 132 indígenas (86 canarios, 36 gomeros, y 10 isleños entre mahoreros, palmeros y herreños) además de 3 portugueses, 2 flamencos y 2 genoveses. Aparte y sin que tengamos siquiera una cuantificación aproximada estarían los esclavos, tanto guanches como negros o bereberes y los alzados, que nunca llegaron a entregarse.

Es de entender los miedos que se traslucen de las actas cabildicias a un alzamiento de los guanches y los esfuerzos por aumentar la población de españoles y de indígenas adictos canarios y gomeros. Los Reyes Católicos habían dictado una pragmática sanción el 8 de octubre de 1481 por la que se daba a sus súbditos libertad para trasladarse y establecerse libremente en cualquier lugar de sus reinos que no era aplicable en Canarias, por lo que Lugo solicitó en noviembre de 1496 que fuera de aplicación en estas tierras para que las justicias y los gobernadores de Gran Canaria no impidieran a los canarios y a los avecindados en esa isla pasar a vivir en las dos que él controlaba, La Palma y Tenerife. En los primeros años del XVI, estima de nuevo Cebrián que se avecindaron alrededor de 600 personas (64 familias españolas –castellanas y andaluzas-, 45 isleñas de islas de señorío, 13 portuguesas, 8 genovesas, 7 canarias y 7 gomeras, además de algunas flamencas y florentinas). El número, al menos de canarios, que estima este autor me parece muy pequeño ya que en la relación de Leopoldo de la Rosa Olivera se mencionan 38 familias de pobladores canarias no conquistadores con sus matrimonios e hijos.

Los canarios constituyeron así una parte numéricamente importante de la incipiente sociedad colonial, todos con datas de tierras y aguas según su categoría social inicial, siempre menor que la de los españoles, pero superior a la de los guanches, incluso de aquellos que, como los antiguos Reyes de Adexe o de Anaga, encabezaron Bandos de Paces aliados de Lugo. Por su condición de asimilados y muchos de conquistadores tardaron varias generaciones en entender su nueva realidad de integrantes de una misma etnia canaria que comenzaba a construirse. Se casaban entre ellos y nunca con gomeros o guanches, salvo el ya nombrado Juan Doramas casado con Isabel Pérez, pero esta era nieta de don Diego de Adexe, no un simple achicasna guanche. Como consta en el poder que otorgan en La Laguna (5 de julio de 1514) los canarios Juan Cabello y Miguel González en nombre de todos los canarios residentes en Tenerife a Sus Altezas, solicitando que los reyes los liberaran de la obligación de ir a las “cabalgadas” que organizaba Lugo a Berbería -en una de las cuales murió Pedro Maninindra- dicen textualmente  “…de manera que no se entienda que por tener nombre de canarios pierdan nuestras personas, que no tienen que facer con los naturales de otras islas, es a saber, guanches e palmenses e gomeros, llevándoles, como les llevamos, muchas ventajas en todo e hablamos e somos habidos por propios castellanos”. Claro que no es igual ser “habidos por propios castellanos” que serlo por origen. Incluso vemos los esfuerzos de algunos en obtener privilegios de hidalguía como era el caso de Hernando Guanarteme.

Encontramos así los distintos estratos que conformaron nuestra sociedad colonial. En la cúspide de la pirámide los banqueros y comerciantes de origen generalmente italiano, sobre todo genoveses. Junto a ellos los hijosdalgo, segundones de pequeña nobleza española, que capitaneaban las mesnadas de Lugo e incluso algún destacado mercenario no español como el flamenco Jorge Grimón, capitán de la compañía de espingarderos que desembarcó por Los Cristianos para reducir al Mencey alzado Ichasagua. De esta cúspide formaban también parte los eclesiásticos, los Gobernadores de islas y sus tenientes, los jueces y, en general, el aparato administrativo de la colonia. Muchos de ellos, hijosdalgo “de privilegio” –por compra o merced real- como trataba de ser el ya nombrado Hernando de Guanarteme. Algunos indígenas prominentes, de la clase gobernante precolonial, trataran de integrarse en esta categoría. Un segundo estrato está formado por los artesanos, expertos azucareros, comerciantes, abogados y juristas (regidos por el Código de las Siete Partidas de Alfonso X) y soldados de a pie pero que recibieron datas por sus servicios en la conquista. Aquí, juntos, pero no revueltos, habría que situar a los canarios y un último estrato con los pobladores sin tierras que llegaron tras acabarse el reparto de datas y los indígenas libres que habían sido desposeídos de sus pertenencias en tierras o ganados. Aparte quedarían los esclavos indígenas, sobre todo guanches por ser los últimos resistentes, y los bereberes moriscos o negros. Separados de esa estructura están los alzados y los esclavos fugitivos, muchos de los cuales nunca llegaron totalmente a integrarse, pero toda esta estructura merita una descripción aparte.

Francisco Javier González

Gomera a 18 de agosto de 2020.

 

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