mié. Ene 16th, 2019

Alajero (La Gomera) en la edad moderna y final del antiguo régimen

Las excavaciones arqueológicas efectuadas hace medio siglo por Diego Cuscoy en el poblado y necrópolis del Roque de la Cruz (Playa de Santiago), y en la Cueva de la Perla, situada en Santiago de los Polieros, han tenido su continuación en los tiempos actuales con las realizadas por J.F. Navarro Mederos en los Polieros, donde se han encontrado vestigios de una gran necrópolis en cuevas con muros de piedra que dividían todo el recinto funerario.

Los restos humanos y las cerámicas, industrias líticas, vasijas, funerarias, molinos allí encontrados, principalmente en Las Lomadas y con casi total seguridad en el lugar ocupado en la actualidad por la capital municipal, indican claramente que este espacio albergó una importante comunidad indígena, con hábitat ya protourbano (chozas, y cabañas).

Parece también que la comunidad aborigen de Alajeró estaba integrada en el bando de Hipalán, uno de los cuatro del fragmentado poder político insular a principios del siglo XV, cuyo jefe era Pedro de Auhagal, nombre que evidencia claramente la temprana evangelización cristiana de la isla. Alajeró durante los siglos XVI – XVIII Alajeró sería incorporada, en fecha imprecisa, de manera pacífica al señorío creado por el conquistado de origen normando Jean de Bethencourt.

Este importante cambio supuso para la comunidad indígena de la isla un profundo proceso de aculturación que culminaría en 1488 con la violenta represión efectuada por Pedro de Valera sobre la población autóctona tras el asesinato de Hernán Peraza al que los nativos acusaban de haber roto los acuerdos establecidos entre indígenas y castellanos.

Tras el grave retroceso demográfico sufrido en la isla tras la ocupación europea, unido a la escasa afluencia de colonos de esta procedencia, acabaría por determinar que las tierras de nuestro pueblo fueran dedicadas principalmente a la explotación ganadera en régimen extensivo.

Las primeras noticias de que disponemos sobre la presencia de colonos europeos en la isla datan de los tiempos de la fundación de la ermita de San Lorenzo en el valle de Arguayoda, en torno al año 1502, y de la data del valle de Imada, otorgada en 1519 a Guillén Pereza y Francisca Muñoz, por su primo, Guillén Peraza de Ayala, señor de la Isla y descendiente del asesinado Hernán Peraza. Las referencias a éstas ocupaciones quedan reflejadas hoy en día en los topónimos como “las bandas de Guillén” y las heredades pertenecientes i decendientes de “de Muñoz o tierras de Muñoz”.

Tras un primer momento de expansión colonial en la isla, provocado, fundamentalmente, por la creciente demanda de grano de las comunidades agrarias dedicadas a los cañaverales y vides de los núcleos cercanos y las comunidades del barlovento insular, este proceso se invertiría durante el último cuarto del siglo XVI como consecuencia de una caída brusca de la demanda de grano por parte de estas comunidades. Pero fue un proceso de corta duración. A lo largo del siglo XVII la isla desarrolló de manera importante el cultivo de la viticultura, cuyos caldos y aguardientes cubrían la demanda local y sus excedentes eran exportados al mercado colonial americano.

Los cereales de Alajeró también se convirtieron en uno de los pilares básicos de la economía del municipio, desde la costa hasta la cumbre, en vegas, lomadas y pequeños llanos con muros de piedras seca, que delimitaban las propiedades . El trabajo familiar, en todo el proceso , de siembra y recogida, de niños, hombres y mujeres. Todo ello se completaba con, un trabajo colectivo , de los vecinos . Recoger un elemento privativo y no comunitario, como era la Era, petenece a familias que, cedían para tal labor su instalación, así como los animales de trilla, tras el pago en almudes de grano por ello.

Este apogeo económico propiciaría que los señores del lugar fomentaran el asentamiento de nuevos colonos que ocasionaron, a su vez, un importante aumento demográfico en el pueblo, ascenso que, sin duda, redundaría en una mejora de las actividades productivas de lugar; no olvidemos que la despoblación de la isla era uno de los problemas más importantes; en 1587 el total de vecinos de La Gomera ascendía a tan sólo 253, uno 1.000 habitantes.

La brillante economía del lugar hizo que en el año 1675, durante el condado de Juan Bautista Ponte Ayala y Rojas, los 400 habitantes de Alajeró, decidieran la creación de la parroquia, segregada de la villa-capital, comprometiéndose a sostener al párroco con una aportación anual de 40 fanegas de trigo.

La segregación plena y definitiva tendría lugar en 1681, momento en el que el lugar comienza a contar con alcalde pedáneo, elegido por el propio señor hasta 1772, y a partir de esa fecha entre dos personas propuestas por los vecinos. Esta bonanza económica también se habría de traducir en un considerable aumento demográfico. Disponemos de cifras globales para toda La Gomera. Si en 1676, uno de los años de más incidencia de la peste en el suelo peninsular, los habitantes de la isla eran 4.213, en 1678, éstos alcanzaban los 4.661, es decir, un aumento del 9,69% en tan sólo dos años. Por su parte, el número de individuos por familia no resultaba muy diferente al de la Península.

En La Gomera era en el año 1678 de 4,14 y en 1680 de 4,65. Cifras muy similares a las del resto de las islas. Por ejemplo en ese mismo año de 1678 en Tenerife el número era de 4,28, en Fuerteventura de 4,10, en Gran Canaria de 4,27 y en La Palma de 3,96. A lo largo del siglo XVIII la historia de Alajeró se caracteriza fundamentalmente por una economía en alza y un crecimiento demográfico, consecuencia de lo primero, ciertamente destacado.

De los 453 habitantes con que contaba el lugar en 1688 se pasó a los 681 en 1772 y a los 841 en 1802. El censo efectuado en 1787 por Floridablanca es una de las fuentes de mayor importancia para conocer las realidades sociales y económicas de la España de finales del Antiguo Régimen. En aquel año Alajeró aparecía todavía como lugar, pertenecía a la intendencia de Canarias y al partido de La Gomera. Tenía 708 habitantes de los que 332 eran varones y 376 mujeres. A su vez, había 478 solteros divididos en 222 hombres y 256 mujeres. El número de casados era de 189, con 97 varones y 92 mujeres. Finalmente, había 41 personas viudas, con una división de 13 varones y 28 mujeres.

Muy interesantes son los datos que nos ofrece el Censo para conocer la composición socio-económica de nuestro pueblo, ejemplo de un núcleo rural característico de las sociedades estamentales de finales del Antiguo Régimen. Se contabilizaban 1 cura, 4 hidalgos, 50 labradores, 10 jornaleros, 12 criados, 1 persona con sueldo de la Casa Real, 60 individuos con fuero militar y 5 demandantes. El número de personas menores de edad o sin ocupación conocida ascendía a 565.

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p style=”text-align: justify;”>Por aquellos años la producción anual de cereales alcanzaba las 5.000 fanegas; viñedos, frutales, hortalizas y legumbres eran el resto de cultivos que dinamizaban la brillante economía de Alajeró.
Sin embargo, y a pesar de estas impresionantes cifras económicas, las realidades profundas de la vida cotidiana propiciaron revueltas antiseñoriales en toda la isla a lo largo del siglo XVIII. Se desconoce si los vecinos de Alajeró participaron en alguna de ellas, aunque es posible suponer que los poderosos terratenientes de lugar actuaran de idéntica manera a como lo hacían sus homónimos en otros lugares de La Gomera y que la respuesta de los vecinos fuera también idéntica a la de otros núcleos rurales de la isla. Los siglos XIX – XX A comienzos de la decimonovena centuria la cabaña ganadera de nuestro pueblo ascendía a 3.000 cabezas, fundamentalmente de ganado menor. También se producía miel, cera, seda, que se exportaba en rama, lana y lino para los telares domésticos. La alfarería ocupaba también un lugar destacado en la economía de Alajeró.

La bonanza económica quedaba reflejada en los más de 2.700 reales de media por cada familia, media superior a la de otros pueblos de La Gomera, aunque también hay fuentes que nos informan que nuestro pueblo vivía también momentos difíciles asegurando que era “…el más infeliz de todos porque la mayor parte de los granos pertenecen a propietarios (sic) de la capital insular.”.

La Guerra de la Independencia también se dejó sentir, aunque evidentemente de manera mucho más suave que en la Península, en Canarias. Entre 1808 y 1814 se creaba la Junta Subalterna de La Gomera, dependiente de la Junta Suprema ubicada en Tenerife. En aquel ambiente de relajación política provocado, sin duda, por la distancia de las islas con los campos de batalla peninsulares, los vecinos de Alajeró decidieron mayoritariamente crear un Ayuntamiento constitucional de acuerdo con el decreto de 26 de mayo de 1812.

El fin del Absolutismo en España, durante la década de 1830-1840, traería un cambio sustancial en la propiedad de la tierra. El antiguo poder señorial quedaría ahora sustituido por otro, el caciquil. La estructura social de nuestro pueblo mostraba hacia el año 1860 un porcentaje muy alto de campesinos propietarios, el 30%, ocupando el resto el grupo de jornaleros y renteros. Parece que el cambio de titularidad de las tierras productivas de Alajeró trajo una caída en la producción cerealera. Sabemos que en el quinquenio 1857-1861 se recogieron 1.500 fanegas de trigo y 1.430 de cebada, lo que suponía un 40% menos del nivel de cosecha de principios de aquel siglo.

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p style=”text-align: justify;”>A pesar de los importantes cambios y avances sociales y políticos obrados en el conjunto de España a lo largo del siglo XIX, la población seguía siendo mayoritariamente analfabeta. En Alajeró a mediados de aquella centuria el 96% de sus habitantes no sabían leer ni escribir.
A pesar de este ligero empobrecimiento, el lugar no conoció un movimiento migratorio destacado. Entre 1835 y 1857 la población de nuestro municipio pasó de los 805 habitantes a los 1.128. En el año 1846 Madoz aseguraba que el lugar contaba con 175 vecinos, es decir, 758 almas. Las cifras de población a lo largo del siglo XIX hablan por sí solas. En 1877 los habitantes de nuestro pueblo eran 993, para pasar una década después, en 1877, a los 1.014 y en 1900 a los 1.195.

Este comportamiento demográfico se puede explicar por el alejamiento de los centro de enganche de emigrantes, además del desconocimiento de las condiciones de atracción de los países receptores por parte de las unidades familiares de potenciales emigrantes o la incapacidad económica para abonar el elevado precio de la emigración, aunque también es posible adivinar otras causas como a la aclimatación de la cochinilla y el desarrollo de una nueva actividad productiva, la pesca de túnidos que contribuyó de manera evidente a resolver el problema del paro. Sería el emprendedor genovés Francisco Grasso quien fundara en 1831 la primera factoría en Cantera, empresa que a lo largo del siglo XIX se iría expandiendo por toda la isla. En 1891 esta misma factoría era explotada por Angelo Parodi. En los primeros años del siglo XX las factorías de Alajeró producían 213 toneladas métricas de atún en salmuera representando el 90% de la producción regional. Unido a este importante desarrollo manufacturero, las Lomadas de Alajeró acogieron a comienzos del siglo XX el cultivo del tomate.

Ya en 1915 la producción se elevaba a los 20.000 quintales métricos y sus destinos eran los mercados europeos con especial incidencia en el inglés. Este auge industrial y económico puede explicar el constante crecimiento demográfico de la población de nuestro municipio y el descenso de la emigración con destino a Cuba y Venezuela, fenómeno este último que de esta manera dejó de afectar a muchas familias del pueblo. Las cifras evidencian lo anteriormente expuesto. Si en 1910 son ya 1.348 las personas que viven en el lugar, una década después, en 1920, éstas ascienden ya a los 1.500; población que se vería incrementada hasta los 2.344 en el año 1940 y los 2.606 de 1950, el número más alto de personas censadas en Alajeró en toda su historia. Desde ese mismo momento se iniciaría un descenso que fue mermando paulatinamente la población del lugar hasta los 1.629 habitantes de 1.970 y los 1.109 de 1991.

Tras la Guerra Civil (1936-1939), Alajeró se convierte en un municipio de considerable importancia. Además del incremento demográfico experimentado en aquellos años, hay que unir que la capital supone ya la quinta parte de ella y es superada por el caserío de Playa de Santiago, que ya había comenzado su destacada importancia económica. También, tras el conflicto bélico se efectuaron en nuestro pueblo obras de mejora y acondicionamiento como la construcción de dos escuelas en Playa Santiago, otra más en el barrio de Imada, varias viviendas para maestros y un cementerio en Playa de Santiago.

Cuenta Alajeró durante los años centrales de la época franquista con varias fábricas de salazón y conservas de pescado, 4 molinos para molturación de cereales, varios talleres de empaquetado de tomates, un taller de carpintería y varias tahonas. La cabaña ganadera estaba integrada por 80 cabezas de ganado vacuno mixto, 40 de asnal, 150 de cerda, 500 de cabrío, 200 de lanar, 600 gallinas y un total de 30 colmenas.

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