jue. Abr 25th, 2019

La nueva ruta de la seda china ya está en camino

El nuevo camino de la seda, denominado OBOR (One Belt, One Road o un cinturón, una ruta) es un megaproyecto chino muy ambicioso que se enfoca en mejorar la conectividad y la cooperación entre múltiples países de Asia, África y Europa. Apodado como el «proyecto del siglo» por las autoridades chinas, OBOR abarca alrededor de 78 países.

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Este proyecto fue inicialmente anunciado en el año 2013 con el propósito de restaurar la antigua Ruta de la Seda que conectaba a Asia y Europa, pero con el tiempo, el alcance del proyecto se ha ampliado para incluir nuevos territorios e iniciativas de desarrollo.

El proyecto implica la construcción de una gran red de carreteras, ferrocarriles, puertos marítimos, redes eléctricas, oleoductos y gasoductos además de proyectos de infraestructura asociados.

El proyecto abarca dos partes. La primera, se llama el «Cinturón Económico de la Ruta de la Seda», que busca conectar a China con Asia Central, Europa del Este y Europa Occidental. La segunda parte del proyecto se llama «Ruta de la Seda Marítima del Siglo XXI», y se basa en proyecto marítimo que se espera se extienda desde la costa sur de China hasta el Mediterráneo, África, el sudeste de Asia y Asia Central.

Este proyecto contiene seis corredores económicos:

  • El nuevo Puente de Eurasia que conecta China Occidental con Rusia Occidental.
  • El corredor China – Mongolia – Rusia que conecta China del Norte con Rusia Oriental a través de Mongolia.
  • El corredor de Asia Central – Asia Occidental que conecta China Occidental con Turquía a través de Asia Central y Occidental, China
  • El corredor de la Península Indochina que conecta el sur de China con Singapur a través de Indochina, China
  • El corredor de Pakistán que conecta el suroeste de China a través de Pakistán con las rutas marítimas de Arabia, y Bangladesh
  • El corredor que conecta el sur de China a la India a través de Bangladesh y Myanmar.

Además, la Ruta de la Seda marítima conecta la costa de China con el Mediterráneo a través del Océano Índico, el Mar Arábigo y el Estrecho de Ormuz.

 

La importancia de OBOR para China

El “One belt, one road” u OBOR, es de gran importancia para China, ya que apunta a impulsar su crecimiento interno, y también es parte de la estrategia del país para la diplomacia económica. Al conectar las regiones fronterizas menos desarrolladas, como Xinjiang, con las naciones vecinas, China espera impulsar la actividad económica en esa zona. Se espera que el OBOR se abra y cree nuevos mercados para los productos chinos, y también permitirá a la empresa manufacturera obtener el control de rutas rentables para exportar fácilmente materiales. Cualquier exceso de capacidad en términos de producción se puede canalizar efectivamente a las regiones a lo largo de las rutas del OBOR. China ha anunciado inversiones por más de 1 billón de dólares en los diversos proyectos de infraestructura y los está financiando ofreciendo préstamos de bajo costo a los países participantes.

Muchos países participantes, como Kirguistán y Tayikistán, tienen expectativas realmente positivas acerca de OBOR debido a las inversiones masivas de China en proyectos de transmisión local en estas naciones. Nepal, país sin litoral, se unió recientemente a OBOR al firmar un acuerdo que le ayudará a mejorar la conectividad transfronteriza con China, y Pakistán, el cual se beneficiará del Corredor Económico China-Pakistán con más de 46.000 millones de dólares ya que OBOR conectará el suroeste de China con y a través de Pakistán, permitiendo el acceso a las rutas del Mar Arábigo.

Mientras China continúa presentando a OBOR como un proyecto para el desarrollo regional, otras naciones lo perciben como un movimiento estratégico de la potencia asiática para alcanzar importancia y control a nivel regional y para desempeñar un rol más importante a nivel mundial mediante la construcción y el control de una red comercial centrada en China. Con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, planteando desafíos para las naciones asiáticas a través de medidas como los aranceles comerciales, China ve el OBOR como una oportunidad para emerger como líder regional. En el futuro, se puede ver un aumento en el yuan chino con un mayor uso de esa moneda en toda la región OBOR.

China quizás busca, dominar económicamente la mitad del planeta, y aunque puede sonar como una hipérbole, no está muy lejos de la realidad. El objetivo del OBOR es impulsar el comercio, la producción de energía, las comunicaciones y los enlaces de transporte en África, Asia, Rusia y Oriente Medio y ya más de 70 países se han unido a este proyecto hasta el momento, cubriendo así el 65% de la población mundial, un tercio del PIB mundial y una cuarta parte de todos los bienes y servicios comercializados entre los países.

El OBOR solo se puede comparar con el Plan Marshall posterior a la Segunda Guerra Mundial cuando Estados Unidos invirtió el equivalente a $ 140 mil millones para reconstruir las economías europeas. Sin embargo, la inversión de Pekín es de casi 200 mil millones de dólares al año en cada una de las naciones que se han unido al proyecto. La mayor parte de eso es en forma de préstamos blandos canalizados a través de entidades financieras estatales como el Banco de Desarrollo de China, el Banco de Exportaciones e Importaciones de China y el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura.

De hecho, tantos proyectos se han firmado que es imposible realizar un seguimiento. China dice que hay en juego un billón de dólares en acuerdos, la mayoría en energía y transporte. La enorme deuda asumida por las economías inestables de Kazajstán a Kenia ha llevado a acusaciones de que Pekín está utilizando la deuda como una puerta trasera para el control económico. Sri Lanka, por ejemplo, recientemente entregó el puerto de alta mar de Hambantota por 99 años a Merchant Port Holdings de China a cambio de $ 1.1 mil millones en alivio de deuda.

Los chinos están interesados ​​en los puertos. El año pasado invirtieron $ 20 mil millones en puertos extranjeros y ahora tienen una participación mayoritaria en más de 75 terminales marítimas de todo el mundo, incluidos los puertos de Djibouti, Brunei, Kenia, Turquía y Grecia.

El corredor económico de China y Pakistán (CPEC), incluye el puerto de Gwadar en el Mar Arábigo. El proyecto de energía y transporte de 62.000 millones de dólares vinculará a Karachi con el norte de Pakistán y, eventualmente, con Kashgar en el suroeste de China. El corredor incluye una autopista de 1.100 kilómetros de Karachi a Lahore y una red ferroviaria completamente renovada.

Pero la mayor parte de la inversión China es en energía y la mayor parte está dirigida a los combustibles fósiles, especialmente el carbón.

En el escenario mundial, China se posiciona como líder en la lucha contra el cambio climático, y está logrando enormes avances en la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles dentro del país. Pero en el extranjero, la historia diferente. Más de 200 plantas de carbón están siendo desarrolladas o financiadas por compañías chinas. Según el Centro de Políticas de Desarrollo Global de la Universidad de Boston, un tercio de las inversiones en energía de China desde el 2001 ($ 44 mil millones) han sido en carbón, la mayor parte en Asia y África, donde las necesidades energéticas son altas y las preocupaciones ambientales son menos apremiantes para las elites empresariales y políticos.  El grupo activista CoalSwarm estima que las empresas chinas participan en el 16 por ciento de todas las centrales eléctricas de carbón en construcción fuera de China.

Por supuesto que este proyecto conlleva grandes riesgos, tanto financieros como de otro tipo. Muchas de las naciones que contraen deuda con el OBOR, tienen economías estancadas y débiles y gobernantes despóticos. Bloomberg informa que el 60 por ciento de los socios de China tienen calificaciones de deuda soberana del tipo «basura».

Sin embargo, con más pros que contras, la nueva ruta de la seda, ya está en camino y llegará para cambiar totalmente la dinámica de la economía mundial.

 

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