El increíble “currículum” menguante

“Es mejor que un hombre se encuentre con una osa a la que han robado sus cachorros, que con un fatuo en su necedad”.
(Libro de los Proverbios 17:12)

“Necio es aquel que ni siquiera tiene el ingenio preciso para ser fatuo”.
(Jean de la Bruyere)


¡Cuántos globos pinchados y qué escuálido ha quedado el impresionante currículo inicia de Riveral! De parlamentario y líder de C’s con un currículum de excelencia, a simple licenciado

Basada en la imaginativa novela de Richard Matheson, Jack Arnold dirige un filme clásico del cine fantástico “El increíble hombre menguante”. Es la tragedia de un ciudadano que -tras sufrir una radiación nuclear- ve como su tamaño se va reduciendo. La metáfora que encierra es esa pregunta que, frente a la adversidad, se hace Scott Carey, el protagonista, con el fin de adaptarse a su nueva realidad: sobrevivir.

Recordando esta película, no pocos articulistas han puesto el foco en el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera que, desde la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa y de Pablo Casado a la presidencia del PP, no sabe cómo hacerse un hueco en los titulares, cambiando en la sesión de control al Gobierno el contenido de una pregunta parlamentaria previamente registrada sobre Cataluña y atacar en cambio al presidente por su tesis doctoral al sembrar dudas sobre su verdadera autoría, usurpando a su vez a Pablo Casado el protagonismo como líder de la oposición.

En su intervención, el líder de Ciudadanos ha retado al presidente del Gobierno a publicar su tesis doctoral para evitar que, además del “caso Montón” o “el caso Casado”, exista un “caso presidente del Gobierno”. En su intervención en el Congreso dijo: “considero que hay dudas razonables sobre la publicación de su tesis doctoral y que es necesario ‘acabar con las sospechas’ permitiendo que se publique”. Acusando, además, a Pedro Sánchez de mentir al decir que “su tesis es pública, cuando sólo se puede acceder en condiciones restringidas y personas determinadas”.

Para Wittgenstein el significado de una palabra está en su uso, en su puesta en práctica. De ahí que, analizadas y comprendidas las afirmaciones de Rivera en el Parlamento, se cumple aquel popular dicho de que “por la boca muere el pez”. Se cumple, una vez más, eso de que en política uno puede decir cuanto quiera del adversario, pero sin ignorar que tal vez tenga que escuchar las mismas preguntas que él ha hecho y soportar las mismas acusaciones que ha proferido.

No hacía falta ni ser adivino ni politólogo para tener la certeza de que esto podía suceder, pues en política, después de saber cuándo se debe aprovechar una oportunidad, es importante saber cuándo se debe renunciar a una ventaja.

En estas últimas horas Albert Rivera está probando su propia medicina: en las redes sociales se está poniendo en duda su currículum, al analizar cómo ha ido menguando en cuanto a sus titulaciones académicas desde que comenzara a trabajar, antes de ser famoso, hasta encontrase hoy en la primera línea de la política nacional.

Me remito a lo que brevemente describe el economista Xavier Sala i Martín, intrigado por el currículo del líder de Ciudadanos. En El Nacional.cat, el pasado jueves, se preguntaba qué ha pasado con la “misteriosa desaparición” de los títulos académicos de Rivera que, con el paso de los años, en lugar de crecer, han disminuido, como le sucedió al protagonista de la película con la que iniciaba este artículo. Como en los juegos de pura magia: “Mucho por allí, nada por acá”. He aquí la trayectoria de este currículum menguante.

Antes de ser político, Rivera había trabajado como letrado y asesor jurídico de los servicios centrales de La Caixa (2002-2006). En su currículum para el CERCE D’ECONOMIA se presentaba así:

Estudios 2006:

  • Master en Marketing Político por la Universidad George Washington (2009)
  • Doctor en Derecho Constitucional por la Universidad de Barcelona (2003)
  • Master en Derecho por la Universidad Ramon Llull (ESADE) (2002)
  • Licenciado en Derecho por la Universidad Ramon Llull (ESADE) (2002)

2015: En las redes sociales se aseguraba estaba en posesión de:

  • Dos másters, uno de ellos en una universidad de Estados Unidos, además de un doctorado en derecho Constitucional y una licenciatura en derecho.

2016: Un año más tarde, el doctorado ya había caído de su biografía y el máster de Estados Unidos se había convertido en un curso de Marketing Político.

2018: Finalmente, en la actualidad, como consta en su biografía en la Web oficial del Congreso de los diputados, su currículum ha adelgazado más y sólo es licenciado en Derecho.

No obstante, en la web oficial de Ciudadanos, continúa constando en su CV:

  • Licenciado en Derecho
  • Máster en Derecho por ESADE
  • Doctor en Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Barcelona.
  • Estudios en la Universidad de Helsinki (Finlandia) en 2001
  • Curso en Marketing Político en la Universidad George Washington (Estados Unidos), 2009.

¡Cuántos globos pinchados y qué escuálido ha quedado su impresionante currículo inicial! De parlamentario y líder de C’s con un currículum de excelencia, a simple licenciado. Todos sabemos que mentir en sede parlamentaria es un delito. Y más cuando exiges a otros que muestren lo que sí tienen, desde esa pretendida autoridad intelectual y académica que él no tiene. En sus “Ensayos”, decía Montaigne: “Una mentira se dice siempre por primera vez. Si la falsedad, como la verdad, tuviese un solo rostro, estaríamos mejor, ya que podríamos considerar cierto lo opuesto de lo que dijo el mentiroso. Pero lo contrario a la verdad tiene mil formas y un campo ilimitado”. En política, el verdadero problema, el problema clave, es traicionar la confianza de los que te han elegido, pues nuestras instituciones democráticas requieren, sobre todo, confianza.

No es de extrañar, pues, que los ciudadanos estemos asqueados con ese pretendido parlamento de excelentes “Currículums” cuando a su vez se descubre su actual mediocridad; con una mediocridad que ríe las gracias del que manda en su grupo y mira sistemáticamente para ver quién se levanta a aplaudirle, con la esperanza de ocupar turno en las próximas listas. Esa es la mediocridad sobre la que se apoya nuestra política parlamentaria; una mediocridad que lastra y anula la ilusión de los ciudadanos.

Al señor Rivera sí que habría que exigirle que presente sus títulos, pues de continuar con este proceso de “jibarización” con el que ha reducido su CV, tal vez, en próximos años nos podamos encontrar con que su Currículum se ha reducido a: “Superado el Graduado Escolar”; eso sí, con muchísima ambición.

 

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