vie. Abr 26th, 2019

La búsqueda de los orígenes de niños adoptados se convierte en un programa pionero en España

  • A diferencia de otras comunidades autónomas, en Canarias el acceso al relato de vida se realiza con el acompañamiento de profesionales ya que, según Jorge Gil, director del proyecto, “la información que se recibe puede producir secuelas emocionales”

El programa de búsqueda de orígenes que puso en marcha la Dirección General de Protección de la Infancia y la Familia, al amparo de la modificación del sistema de protección a la infancia y la adolescencia «se ha convertido en un programa pionero en España», así lo manifestó Jorge Gil, director del programa. A raíz de la aprobación de la Ley de 26/2015, de 28 de julio todos los niños y niñas que fueron adoptados tienen derecho, al cumplir la mayoría de edad o aún siendo menores acompañados de sus representantes legales, a conocer sus orígenes, su llamado relato de vida lo que significa tener acceso a su expediente, a las circunstancias que dieron lugar a su proceso de desamparo, los datos de filiación o el de sus hermanos si los tuviera».

Sin embargo, como apunta la consejera de Empleo, Políticas Sociales y Vivienda, Cristina Valido, en una reunión mantenida con la Asociación Terapia Familiar encargada del programa «estos procesos pueden acarrear una carga emocional que pueden abrir heridas tanto a la persona que fue adoptada como a la familia biológica o la adoptante». «Por eso pensamos que todo este proceso debería contar con ayuda de profesionales que acompañen, apoyen y dirijan este camino que puede ser doloroso».

Jorge Gil, director del proyecto y presidente de la Asociación de Terapia Familiar informó que en el Congreso Europeo de Terapia Familiar celebrado en Toulouse, «comprobé que en Europa no se han puesto en marcha programas de este calibre y tampoco en otras comunidades autónomas, alguna como Galicía lo realiza pero, solo desde el marco privado y Canarias es la única comunidad autónoma que lo lleva a cabo desde una entidad pública como es el caso de la Dirección General de Protección de la Infancia y la Familia».

El programa pretende que se produzca el menor daño posible a la persona adoptada por las situaciones vividas que provocaron su entrada en el sistema de protección, pero también, en sus dos familias ya que según los profesionales «cada vez más se demuestra que la intervención y la terapia en las unidades familiares debe tratarse como un todo para, por un lado, ayudar a los adultos a entender y comprender el daño al menor y también comprender sus propios comportamientos en su relación con los hijos».

El objetivo es sanar o al menos mitigar las heridas de la persona adoptada «que es una niño herido» y que tienen repercusión en su vida adulta desde el desarrollo sano de sus emociones en familia. El programa incluye la búsqueda de datos y si hay voluntad el contacto entre las partes, aunque estos procesos de mediación pueden durar meses, y «no siempre se garantizan los resultados, ya que se trata de procesos complejos y con mucha carga emocional» apunta Gil, que también hace hincapié en que «debemos ser capaces de hacer entender que el proceso de adopción fue la mejor opción para el niño, porque en algunas ocasiones, sobre todo en la adolescencia se fantasea con que su otra vida si no hubiese sido adoptado podría haber sido mejor».

Hasta el momento se ha trabajado en 50 casos de adopciones, de los cuales 18 ya están cerrados y el resto siguen abiertos y en proceso de intervención.

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