Los blancos votaron a Trump por miedo a perder sus privilegios

  • En contra de lo que se creía, los problemas económicos y el desempleo no fueron decisivos en las últimas elecciones presidenciales de Estados Unidos. Un nuevo estudio apunta a que el secreto del triunfo de Donald Trump consistió en apelar al miedo de la población blanca, sobre todo hombres y cristianos, a perder su hegemonía frente a la diversidad racial.

Hasta ahora, la idea más generalizada sobre el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de 2016 era que se debió al malestar de la clase trabajadora blanca al haber afrontado pérdidas de empleo y unos salarios estancados durante la Adminsitración de Obama.

Sin embargo, un estudio publicado esta semana en la revista PNAS desmonta esta teoría e indica que la elección del multimillonario estadounidense no fue por motivos económicos o por incertidumbre sobre el futuro.

El trabajo, liderado por la profesora Diana Mutz, de la Universidad de Pensilvana, revela que fueron los votantes blancos, sobre todo hombres y cristianos, los que auparon a Trump, al sentir que su estatus privilegiado estaba amenazado por la creciente diversidad racial y por la pérdida del dominio de EE UU en el mundo. Por ello, dieron su apoyo al candidato que más énfasis puso en restablecer las jerarquías del pasado.

Según explica la profesora Mutz a Sinc, “Trump ganó gracias a aquellos votantes que se sintieron traicionados por el cambio que supuso el mandato de Obama. En particular, debido a la amenaza del cambio demográfico y el empoderamiento de las minoras raciales. También por la sensación de que EE UU ya no es el gran superpoder global que una vez fue”, añade.

Comparación con las elecciones de 2012

El estudio es fruto de una encuesta con 1.2000 estadounidenses a lo largo de todo el país. Para ello, se compararon sus posiciones electorales en los comicios presidenciales del 2016 respecto al 2012.

Curiosamente, los datos señalaban que los votantes no habían alterado sus posturas en inmigración y comercio de manera significativa. De hecho, los estadounidenses –como promedio– se volvieron menos reticentes a otorgar la ciudadanía a inmigrantes indocumentados que en las pasadas elecciones.

Aún así, “Donald Trump fue percibido con un opositor más fuerte a la amenaza de China y al libre comercio que Mitt Romney, su predecesor como candidato republicano”, explica Mutz.

La autora señala que “los levantamientos políticos suelen producirse por grupos oprimidos que se alzan para afirmar su derecho a un mejor tratamiento y condiciones de vida más equitativas, en relación con los de alto estatus. Sin embargo, los resultados de las elecciones de 2016 se debieron al esfuerzo de los miembros de grupos ya dominantes para asegurar sus privilegios y los de su país en en mundo”.

A pesar del análisis exhaustivo de los datos, el estudio no mostró ninguna relación entre la existencia de dificultades financieras y la decisión de votar por Trump. Además, su victoria ocurrió durante un momento de recuperación económica, con una disminución del desempleo y una tendencia positiva de los indicadores económicos.

La importancia de la educación

Aquellos que habían perdido un trabajo entre 2012 y 2016 no eran más propensos a apoyar a Trump que a Clinton. Pero quienes se sentían sitiados por la globalización y el surgimiento de una ‘mayoría minoritaria’ en Estados Unidos probablemente votaron por Trump, indica el trabajo.

Mutz tambien resalta que la falta de educación universitaria fue otro de los factores decisivos entre los votantes de Trump. “La educación permite aceptar a las personas que son diferentes a nosotros mismos, considerarlas iguales y no como grupos sociales subordinados a otros dominantes”.

“Las elecciones de 2016 fueron resultado de la ansiedad sobre el futuro de los grupos dominantes.”En muchos sentidos la sensación de amenaza grupal es un oponente mucho más difícil que el que supone una recesión económica, porque es una percepción psicológica, señala.

En su opinión, “la gente necesita tranquilizarse, el futuro de EE UU no será dominado por ‘otros’. El poder económico, social y político deberá ser compartido con las minorías y con las mujeres”.

“Ser un hombre, blanco y cristiano ya no será una ventaja tan grande como antaño y los cambios de este tipo siempre son duros para las personas que deben ajustarse a ellos”, concluye la profesora.

Sinc

 

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