sáb. Feb 23rd, 2019

Trump y las mariposas

Domingo Sanz

Andábamos los humanos tan entretenidos jugando a cómo era posible que el batir de las alas de un lepidóptero en un punto del planeta pudiera provocar un vendaval en sus antípodas, cuando llega un millonario, elegido por el uno por ciento de los más desquiciados de todos nosotros, y decide romper la baraja fusilando mariposas contra los paredones e implantando un huracán de amenazas a la velocidad de ciento cuarenta caracteres por segundo.

En el supuesto de que tras unas cuantas semanas como la última siga amaneciendo, el próximo mes de septiembre regresará el ejército anual de bellas monarcas de oriente en su migración anual desde Canadá hacia los bosques de pinos y oyameles de México. De repente, encontrarán un muro donde antes había cielo y libertad y regresarán, todas, enfadadas y en formación militar, a pedir explicaciones al nuevo habitante de la Casa Blanca.

Elegirán para su visita el sueño de una resaca tras la borrachera de crueldades firmadas unas horas antes. Al llegar, entrarán nocturnas por la ventana de su dormitorio, levantarán leves sus sábanas y atravesarán su pijama con tacto mínimo para invadir en silencio hasta el rincón más pequeño y oculto del cuerpo del gran Donald, que tapizarán de colores como si fuera uno cualquiera de los arboles que cada año adornan para nuestras miradas. Entonces, todas de acuerdo y al unísono descargarán millones de cosquillas que le obligarán a sacar bandera blanca. En ese momento habrán conseguido que de nuevo triunfe la vida sobre La Tierra.

Domingo Sanz

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