No ha sido nada improvisado, se buscaba un golpe de efecto, un escenario multitudinario, pero de nada habría si el espacio hubiera quedado vacío. Unas 2.000 personas han ocupado ese espacio, el doble de las que asistieron al cierre de campaña de Sánchez junto a Susana Díaz en Sevilla, en las elecciones generales del pasado junio.

La multitud, enfervorecida, ha coreado el “¡No es no!” que se ha convertido en el grito de guerra de los socialistas críticos con la gestora por haber facilitado la investidura al presidente Mariano Rajoy. “¡Pedro presidente, Pedro presidente!”, gritaban.

No hay precedentes de un acto político tan multitudinario fuera de un calendario electoral, si exceptuamos el mitin que ofreció en diciembre Susana Díaz en Jaén, acompañada por el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Comparando ambos actos, y teniendo en cuenta que Sánchez carece de la infraestructura y el músculo institucional y orgánico que posee la presidenta andaluza, la capacidad de movilización de la militancia está bastante equilibrada.

Toscano, histórico alcalde de Dos Hermanas durante más de tres décadas y el hombre fuerte de Sánchez en Andalucía, no ha dejado nada al azar. Su equipo colocó carteles de indicación desde la salida de Sevilla hasta el parque tecnológico, a las afueras de Dos Hermanas. Doce autobuses aparcaron a las puertas, trayendo a militantes y simpatizantes de todas las comunidades autónomas, incluido de Canarias.

Doce autobuses aparcaron a las puertas, trayendo a militantes y simpatizantes de todas las autonomías

La última vez que Pedro Sánchez estuvo en Sevilla fue el 24 de junio de 2016, en el cierre de campaña, dos días antes de las segundas elecciones generales en seis meses. Era secretario general del PSOE, candidato a la presidencia del Gobierno, y a su lado, animándole, estaba la presidenta de Andalucía, Susana Díaz. “¡Susana, tú en San Telmo, y yo en Moncloa!”, le había dicho el flamante candidato a la andaluza.

Pero las previsiones no se cumplieron. Han pasado siete meses, y Pedro Sánchez no está en Moncloa, ni siquiera está en Ferraz, porque Susana Díaz no quiso quedarse en San Telmo, y tras la segunda derrota electoral movilizó a sus adeptos para forzar la dimisión del secretario general de su partido.

Ahora Díaz está en Alcalá de los Azules (Cádiz), cuna del socialismo andaluz, reivindicando la vuelta a las esencias del PSOE, y Sánchez está aquí, en Sevilla, capital del PSOE y cuna de Susana Díaz, reivindicando el giro a la izquierda. Ambos hablan de lo mismo y de algo distinto, porque representan dos visiones opuestas de entender el PSOE.

Sin que ninguno de los dos sea aún oficialmente candidato a la secretaría general, la carrera por el liderazgo del socialismo empieza hoy.