mié. Feb 20th, 2019

La hora de la redistribución

Un mantra que repite continuamente la derecha de este país es lo de crear empleo para salir de la crisis. Lo ha repetido el PP con Rajoy en una especie de ejercicio de oráculo cañí como si no fuera presidente de Gobierno y ahora lo recoge Ciudadanos. Parece cosa de sentido común, pero es un falso sentido común, sentido al que apelan los analfabetos funcionales como el líder del PP cuando su cabeza es la pura oquedad intelectual. Todo ello encierra una trampa, no por lo que se dice sino por lo que se falsea y lo que se omite. Lo que se falsea es el pronóstico, porque ni creciendo al 3% o al 4% se van a crear los 4.779.500 empleos para otros tantos parados que hay en este país según EPA 4º trim. 2015, ni los 1.556.600 hogares con todos sus miembros en paro (igual fuente) pueden esperar a que la economía crezca a las tasas anteriores, porque, además, eso sólo garantiza que van a encontrar trabajo una pequeña –por no decir pequeñísima– parte de esos hogares; tampoco los 2.328.700 parados con más de un año en el paro pueden esperar más. Resulta insultante repetir el mantra de que lo mejor para salir de la crisis es crear empleo o de crear empleo para salir de la crisis cuando la legislatura de Rajoy ha provocado que la población ocupada actual sea menor que la que había a finales del 2011 cuando llegaron al Gobierno estos tipos del PP. Y es insultante para los que están en esta situación, porque es una falsa esperanza de la que ni siquiera se hace responsable quien lo promete, porque lo fían a “la economía”, no se ponen en la mesa de las responsabilidades gubernamentales, eso es cosa de los empresarios y trabajadores, como si las leyes y las posibles políticas redistributivas no existieran o no pudieran existir.

Lo firmado entre el PSOE y Ciudadanos adolece de números, de cuentas, de cómo financiar lo que se acuerda, aunque lo que se acuerda es tan abstracto, tan ambiguo, tan perteneciente al mundo de los deseos, que si no se hacen números, si no se presupuesta lo acordado, el papel y las firmas corren el riesgo de perderse en un naufragio antes de botar el buque de la gobernabilidad. Y eso aceptando de entrada que lo firmado tiene aspectos importantes que pueda ser asumido desde un BOE de izquierdas. Claro, que lo de la subida del 1% del salario mínimo es infumable. ¿Cuál sería el presupuesto mínimo para empezar a construir un gobierno aceptablemente de izquierdas en la España actual? Sólo unos apuntes al respecto. Según la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales en España se gastaron 11.000 millones menos de euros desde el año 2012 al 2015. Y esta cifra es sólo lo que no se gastó durante el gobierno del PP para destruir, vía presupuestaria, la timorata ley de dependencia de Zapatero, timorata, pero ahí estaba por primera vez en España. Las necesidades sociales son mucho más pero por ahí hay que empezar. Son 2.750 millones por año de déficit con respecto a un mínimo de mínimos. Sigamos. En lo que respecta a la Salud y según la Agencia Tributaria hemos pasado de 72.939 millones de euros de gasto en el 2009 a 63.339 millones en el 2014. Total: un déficit de 9.600 millones que hay que incorporar sólo para estar a la altura de hace siete años, no para estar a la altura del 2016. Sigamos. En Educación y según la agenda de nuestros tributos que tanto utiliza Montoro para meter miedo resulta que en el año también del 2009 se habían gastado 49.692 millones de euros en Educación y sólo 42.298 millones siete años después. Déficit en Educación: 7.394 millones. Sigamos y tomamos la palabra al Secretario del PSOE sobre el mínimo de ingreso vital para las 750.000 familiar que no tienen ninguna fuente de ingresos. Si suponemos 800 euros al mes de media –es decir, en 12 pagas– al año salen 7.200 millones de euros. Sumemos los cuatro déficits y obtenemos a la chita callando 26.944 millones para arrancar desde la izquierda. Y eso que nos hemos dejado fuera el inaplazable seguro de desempleo del cual ha dejado Rajoy sin cobertura al 45% de los parados, la recuperación de la hucha de las pensiones que Rajoy la ha reducido a la mitad (en 34.233 millones), es decir, en situación preocupante, la recuperación de las becas en la Universidad para que puedan estudiar no sólo los niños de papá, la ley de la ciencia, la financiación de la Cultura que tanto menosprecia la derecha, los niños estudiando en barracones y/o pasando hambre, los mayores de 52 sin pensiones no contributivas, etc. Los sindicatos han calculado 11.000 millones en ayudas para 2.000.000 millones de personas que no tienen ni prestación, ni ayudas, ni ingresos de ningún tipo. Es una cifra muy modesta en términos unitarios porque da 458,33 de euros por persona y mes. Si sumáramos todo eso sale no menos de 40.000 millones de aumento ¡anual! del presupuesto para hacer no más que una política social y de izquierdas modesta, pero digna de tal nombre.

¿Se puede financiar esa cifra mágica de 40.000 millones de aumento en un año? Claro que se puede. Según la OCDE nuestro índice de desigualdad (1) duplica al de Alemania. En el índice de Gini de la desigualdad de Eurostat somos los más desiguales de la zona euro de los 27, ahí estamos, en la cabeza (o en la cola, según como se mire). Según Oxfam Intermón en España los 20 españolitos tienen más riqueza –no se habla de renta, es cierto– que el 30% más pobre. Es una desigualdad brutal. Somos los campeones en desigualdad en Europa o al menos estamos destacados en esa champions. Más, porque cualquier estudio sobre fraude fiscal señala que lo que deja de cobrar Hacienda por el fraude –no se habla del fraude en las cotizaciones– es no menos de 60.000 millones de euros al año. Soy precavido y no me atengo a otros que indican mucho más fraude. ¿Cuánto se podría recaudar en un año de este fraude? Es una incógnita, pero según el director de la Agencia Tributaria, el Sr. Santiago Menéndez, Hacienda recaudó 15.664 millones de euros en el 2015 ¡sólo por efecto de la lucha contra el fraude! según sus consideraciones. Y eso lo ha conseguido sin proponérselo en serio, porque el propio director habla de “expedientes singulares” que no se van a volver a producir, etc. Pareciera que el propio director quisiera echar agua sobre lo conseguido como para curarse en salud para el futuro. Pero si en gran medida esa recaudación se debe a actuaciones especiales significa que no se ha abordado la lucha contra el fraude de la cotidianidad, el fraude en el IVA, en el de Sociedades, en algunas partidas de la renta, etc. Y hay mucho más, porque según fuentes del propio Ministerio de Hacienda lo que se deja de recaudar por el efecto de las deducciones, desgravaciones y exenciones en los diversos impuestos son ¡51.529! millones de euros al año, es decir, el 5% de nuestro PIB. Y todos sabemos que esas partidas que las leyes tributarias permiten deducirse en los diferentes impuestos –principalmente en el IVA con 24.444 millones dejados de recaudar, en el IRPF con 11.797 millones y en el de Sociedades con 4.327 millones– no tienen prácticamente ningún efecto ni sobre el empleo, ni sobre la inversión en general, ni sobre el tan cacareado pero no practicado I+D+i. También habría que incluir los 6.001 millones dejados de recaudar por esos mismos motivos en Sucesiones y Donaciones, pero este impuesto tiene otras características y funciones que no me parece sumable a los demás. Y todo esto con una austeridad homicida que ha provocado una contracción de la economía con la consiguiente caída de la recaudación, justificada en muchos casos pero no en otros, como es el caso del impuesto de Sociedades. En efecto, según datos del propio de la Agencia Tributaria los ingresos declarados por las empresas –en general, sin distinguir tamaños– fueron en el año 2007 de 163.400 millones y de tan sólo ¡58.935! millones al año siguiente. Y recordemos que sobre la diferencia entre ingresos y gastos más toda la panoplia de deducciones que hemos visto antes se gira el impuesto. Esa caída no se corresponde con la crisis porque, además, se da casi antes de empezar. Es digno de investigar este impuesto porque ya sabemos que con la contabilidad, con el juego de previsiones, provisiones y amortizaciones, se hacen maravillas para dar los resultados que se consideren oportunos en cada momento. Cabe pensar razonablemente que ha habido al menos elusión del impuesto desde el año 2008 en adelante.

Y no hay que preocuparse, porque no porque aumentaran los ingresos fiscales en esos 40.000 millones nos íbamos a poner a la cabeza de Europa en recaudación por PIB. España ocupaba los últimos lugares en ingresos fiscales relativos con un modesto 32,4%, sólo por delante de Polonia, Irlanda, Rumania, Letonia y Bulgaria. Para comparar, sólo decir que Francia está en el 45,9%, Alemania en el 40%, Italia en el 42,8% y el muy liberal Reino Unido con un 37,8% nos sobrepasa también.

Nada de mantras sobre las supuestas bondades del crecimiento como solución a la situación de millones de españoles, ni tampoco esperar a sueños que acaban en la vigilia de los deseos como el de esperar al cambio de modelo que hasta la derecha ahora defiende. No existe ningún nuevo modelo, ninguna nueva estructura económica en la economía española que nos diera más de esos 4 millones de empleos y que se necesitarían vaya usted cuantos lustros para esos cambios. Eso, en el año del genial bardo, es un sueño en una noche de verano del que despiertas en el otoño de los deseos incumplidos. Y menos en sectores intensivos en conocimiento y en tecnología, que por muy necesarios que sean –y que debieran implementarse sin recurrir a las desgravaciones– no van a crear empleo sustancialmente. Durante muchos años no habrá más remedio que avanzar por el camino de paliar los efectos conjuntos de la crisis y de las políticas de austeridad, es decir, por el camino de la redistribución. Los parados sin cobertura, las familias sin ningún ingreso, los niños estudiando en barracones y sin alimento suficiente, los más de 52  años sin ni siquiera no contributivas no pueden esperar. No pueden hacerlo ni al supuesto cambio de modelo, ni a crecer al 4% porque, además, a la mayoría de ellos no les va a afectar, no les va a llegar por mucho que lo imploren al cristo redentor correspondiente, ahora que estamos en la semana de los pasos y de la pasión religiosa católica de los católicos.


(1) Número de veces que supera la renta media del 10% más rico respecto al 10% más pobre.

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