sáb. Feb 16th, 2019

“Solitarios: James Joyce”.

0. ¿Qué se puede descubrir con la literatura o, y las artes? ¿Sabemos más o menos lo que es capaz de descubrir, inventar, conceptualizar, al menos hasta ahora las ciencias, pero qué pueden las artes, qué puede la literatura? ¿Las grandes mentes literarias, como la de Joyce, que nos descubren a nosotros mismos y de nosotros mismos, que quizás las ciencias, al menos todavía no son capaces…? ¿Por qué algunas obras de arte, sean del género literario o musical o plástico son como espejos que nos están diciendo cosas durante generaciones, durante siglos? ¿Por qué llamamos obra genial, el Ulises, y genio a Joyce…? ¿…?

1. James Augustine Aloysius Joyce (1882, Irlanda, 1941, Suiza).

¿Por qué este autor, por qué con estas obras, cuando se leen y se piensan y se sienten ya cambia la percepción, en mucho o en poco de cualquier ser o cualquier persona? ¿Por qué nos cambian la percepción de la realidad, en parte interior, en parte exterior…?

¿Quizás una persona con una obra que consideramos genial o maestra, como la que hizo Joyce nos supera en preguntas, y es parca en respuestas…? ¿Pero esta es la realidad desde Homero al menos…? ¿En definitiva, nuestro cerebro tiene una conformación estética, que es belleza, pero es algo más que belleza, y entonces, algunos autores encuentran unos “patrones” que nos enseñan algo de nosotros mismos, algo de la realidad que nos rodea, algo del mundo que conexiona ideas-cultura, naturaleza humana y no humana, sociedad, metafísica y lo sagrado? ¿En ese vaivén transcurren nuestras vidas…?

2. Quizás al ser Ulises, entre otras obras de Joyce, una obra maestra, es un reflejo de quién va a esa fuente a beber. Por tanto, hay multitud de interpretaciones. Tantas como personas que con seriedad se hayan acercado a comer de su magma.

– Quizás Ulises es un reflejo de la vida misma, o aspectos de la vida misma, pero más que un reflejo convierte “el lenguaje” en vida misma, convierte “hechos o narraciones o narratologías” en algo de la vida misma. Cuántos seres para ellos, un libro o cinco libros, son más importantes que el resto o de millones de otras personas. No digo que tenga que ser así, pero así es.

– Posiblemente en la noche de los tiempos, hace docenas de miles de años, los humanes en sus ratos de tiempo libre, se juntaban en las entradas de las cuevas, y construían relatos e historias, mitad imaginarios, mitad reales, mitad del pasado, mitad interpretando el futuro… Quizás en esa mezcla de protodanza, de protoliteratura, de protopintura está todo o está la esencia de todo lo que después durante milenios hemos ido desarrollando. Quizás Ulises sea una de esas obras que son la esencia de algo de nosotros mismos, y por eso continúanos con ella y ella continuará con nosotros…

– Nos narran lo que hacen los personajes por fuera, lo que hacen o sienten por dentro, cómo engañan desde fuera hacia fuera, como se engañan desde fuera hacia dentro, como se engañan desde dentro hacia fuera. Es decir, nos narran a nosotros mismos, al menos en muchos momentos de nosotros mismos… Se combina lo negro con lo blanco y con los grises y con todos los colores y con todas las mezclas de colores. En definitiva, lo que somos nosotros. Palabras, actos, deseos, ideas, tentaciones, pasiones, pulsiones, conceptos, deseos, fines, intereses… Y todo mezclado y combinado, a medias entendido por nosotros mismos, a medias no entendido. Cada uno con sus diez o cincuenta o mil personajes, dentro de sí, fuera de sí.

– ¿Todo es todo, todo en todo, todo está en la parte, todo es parte, la parte es todo, la parte en el todo…? ¿No son acaso estos conceptos o ideas o palabras parte del misterio-enigma que todavía no hemos descubierto lo seres humanos…?

– Sin entrar en los periplos de la existencia vital de Joyce, aunque toda obra se mezcla y se combina de formas enigmáticas con la propia vida y existencia de los hacedores de esas obras. Que al final, son receptores de miles de años de tradición, materializados y concretizados y cristalizados en una existencia y en un tiempo y en unas circunstancias… por tanto, diríamos que al final una obra maestra-genial, tiene varios horizontes: la biografía-existencia del recopilador-recombinados-autor-escriba, la tradición heredada de siglos-milenios, la obra en sí con multitud de ejes y perspectivas, el mundo real-concreto-existencial del ser que se desarrolla en un tiempo-espacio-historia-geografía, y las interpretaciones de los miles, cientos de miles, millones de seres humanos, que en una generación o en docenas vuelven a ese espejo a intentar entender el mundo o comprenderse algo más, es decir, beben y comen y degustan y se miran en esa obra que denominamos de arte o de literatura que consideramos genial… somos de alguna forma lo que estas obras nos hacen, al menos en parte, para nosotros puede ser más real las obras de Shakespeare, el Quijote, el Ulises, la Odisea, la Divina Comedia…, pueden ser más real que quizás, y lo digo con cierta lamentación, que quizás que miles de personas, que miles de miles de seres humanos. Quién dice obra de literatura, otros serán de música, aquellos más allá de plástica, los de al lado de moda y diseño… ¿Por qué estas obras geniales nos embelesan, nos adoctrinan, nos hipnotizan?, ¿qué tenemos-llevamos dentro de nosotros mismos que caemos en esa realidad-imagen-metáfora-espejo…?

– Hoy, tú y yo, tú y yo que somos pueblo, tú y yo que somos del pueblo podemos en unas horas, en unos días, disfrutar o embelesarnos con las grandes obras de la genialidad humana. Hace varios siglos, solo las altas clases podían oír música de cámara, pero hoy todo el mundo puede disfrutar de las grandes obras maestras del mundo. Hoy, cualquier persona, si dispone de un poco de tiempo, si desea, si tiene los suficientes conocimientos previos o intereses previos en su casa, sea más modesta o menos modesta, puede disfrutar, de los grandes obras arquitectónicas del mundo a través de Internet, aunque no pueda viajar, de las grandes obras de literatura o de arte, sean en documentos, sean leyéndolas, sea viéndolas en libros o en fotografías o en documentales… Ha cambiado la realidad… La revolución industrial en la que estamos insertos, actualmente entre la tercera y cuarta fase de ella nos permite, a cualquier ser humano, con unos medios mínimos poder sentir y comprender y disfrutar de las grandes obras maestras de todos los géneros artísticos y de todas las culturas y de todos los tiempos. Quizás no puedas ir a China, físicamente a visitar el palacio de invierno o la ciudad prohibida, pero a través de documentación e Internet y libros y documentales puedes insertarte en ella, ser en ella y ser desde ella. Quizás, esto fue lo que Joyce-Ulises nos enseñó o una de las cosas que nos quiso enseñar… Que hoy, que hoy un sujeto es un infinito en sí mismo, una obra literaria genial o maestra como el Ulises, es un finito infinito encerrado en unas cientos de hojas con palabras. Porque al final, nosotros somos un algo ilimitado, posiblemente un infinito ilimitado, que no conocemos como la mar, como el espacio cuales son nuestros límites…

3. Para concluir, no terminaríamos de comentar aspectos de Joyce-Ulises, sin contar el resto de obras de dicho autor, o que dicho autor recogió como un paraguas de su tiempo presente. Solamente, si tiene usted un tiempo de ocio y si tiene usted un cierto interés, empiece esta tarde o esta noche a leer-pensar-reflexionar-meditar-sentir-conceptualizar el Ulises-Joyce y al cabo de varios días, varias semanas, cuándo la haya leído-pensado-sentido dos o tres veces, entonces, sin darse cuenta, o dándose cuenta, habrá notado que ya verá la vida, su vida, la vida de los demás, la vida del mundo de forma diferente. No sé si muy diferente, o un poco diferente, eso ya depende de usted y de sus circunstancias. Ciertamente es una obra, que personalmente no recomiendo sea leída por personas jóvenes, ni adolescentes…, sino creo que es una obra para ser meditada en la adultez, aunque sea en la primera fase de la adultez, quizás a partir de treinta años…

¿La gran pregunta para los escritores del siglo veinte, y me temo que del siglo veintiuno es que se puede hacer-pensar-expresar-sentir después de Joyce-Proust-Kafka-Faulkner, qué después de Picasso-Kandinsky-Duchamp, qué después de Freud-Heidegger-Wittgenstein…?

 

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