sáb. Abr 20th, 2019

San Sebastian de la Gomera organiza un homenaje al olvidado escritor Felix Casanova de Ayala

Coincidiendo con las fiestas patronales, se ha organizado un homenaje a la figura del poeta y novelista gomero Félix Casanova de Ayala (1915-1990). La cita tendrá lugar el próximo viernes día 22 a las 18:30 en el Archivo Insular y contará con la presencia del escritor e investigador Daniel María, la novelista y poetisa Isabel Medina

El acto contará con la presencia de tres personalidades diferentes ligadas al mundo de las letras y de la historia que conocen la trayectoria literaria y personal de Félix Casanova de Ayala. El acto, estructurado como una mesa redonda, recordará cómo en 1915, un niño nacido en San Sebastián llegaría a convertirse en una de las voces más personales de la literatura regional y en uno de los máximos representantes del movimiento postista peninsular y de la poesía neovanguardista canaria.

A pesar de que fue un poeta muy destacado en su tiempo, Félix Casanova de Ayala (La Gomera, 1915- Santa Cruz de Tenerife, 1990) pasó desapercibido incluso para sus paisanos gomeros.

A su regreso de su larga estancia en Madrid (1928-1954), ya se sentía extraño entre los suyos. «Es el mal de las islas: si te quedas, no trasciendes; y si te vas, te borran de la nómina. Esta circunstancia gravitó sobre mí, potenciada por el idílico aislamiento de mi vida en La Palma», confesaba Casanova de Ayala en el prólogo de su antología poética incluida en la Biblioteca Básica Canaria, uno de los pocos libros suyos disponibles en las bibliotecas isleñas, donde hay algunos de sus títulos descatalogados por lo que solo se pueden consultar.

Parte del ostracismo al que ha sido sometido encuentra su explicación en la naturaleza de su propia poesía, inclasificable dentro de las corrientes canarias de la época.

«La fisura generacional yo la notaba a mi alrededor –confiesa el autor en su antología– , faltaba el vínculo, era yo una individualidad despegada, independiente; lo percibía en las antologías y panoramas de poesía canaria que se hacían aquí, donde todos se agrupaban por familias: los fetasianos en Tenerife, los de Antología cercada, en Las Palmas; los de Gaceta de Arte, generación tinerfeña anterior. Y después los nuevos y los novísimos…. Yo no estaba en ninguna parte, salvo honrosísimas excepciones. Si en todos lados cuecen habas en esto de las generaciones, aquí en Canarias se llega a extremos místicos. Yo tuve, por fuerza que ser un poeta independiente…», apunta con sorna en su prólogo el escritor quien reconocía que, su papel en la poesía canaria «es precisamente ese; un solitario, un independiente. Aunque a veces –valga el tópico– se me ha hecho muy cuesta arriba esta soledad de corredor de fondo».

Respecto al ostracismo al que ha sido sometido, hay consenso. «Hay algunos trabajos académicos que lo reconocen, pero… A mí me parece que Félix Casanova de Ayala es uno de los grandes poetas españoles de la postguerra. Pero anda perdido. Lo cual es sorprendente. Y no digamos en Canarias. La incultura nos domina y el rigor no es una de nuestras compañías», lamenta el escritor y profesor titular de Literatura Española de la Universidad de La Laguna, Domingo-Luis Hernández, quien cree que el hecho de que el poeta no haya sido reconocido con el Premio Canarias de Literatura «dice mucho de ese premio, de quienes sostienen ese premio y de cómo sostienen ese premio. Triste, infausto, sin duda, pero es».

En la misma línea se pronuncia el escritor, periodista y editor Juan Cruz, quien frecuentó en su juventud la casa de los Casanova. «En nuestra tierra no reconocen a las personas así. Solo reconocen a las personas que hablan alto. Él era un poeta y los poetas en Canarias no han recibido la honra que merecen», comenta Cruz que sitúa a Casanova de Ayala entre los mejores exponentes del surrealismo en el Archipiélago. «Con Emeterio Gutiérrez Albelo –que era un hombre muy notable y sobresaliente poeta–, Pedro Lezcano y Agustín Millares se podría hacer una gran antología de la poesía del siglo XX y se quedarían asombrados. En Canarias, igual que en el resto de España, nos asombramos de lo inmediato, pero no somos capaces de construir un imaginario clásico», lamenta el tinerfeño, que lo recuerda paseando por las calles de Santa Cruz arrastrando una especie de pesadumbre. «Se escondía y escondía su genio detrás de una apariencia de artesano de un barrio judío de entreguerras», rememora el escritor, que recuerda especialmente las manos hábiles y grandes del poeta y dentista, aquejado por una especie de resaca sentimental.

El escritor, crítico y periodista Sabas Martín cree que el poeta ha sido víctima de una época en donde ya no se reconoce nada y se hace difícil mirar hacia atrás con detenimiento. En su opinión, el legado de Casanova de Ayala entronca con «las vanguardias, el atrevimiento formal, la exploración del lenguaje y la búsqueda de otra tradición ajena a la realista que le distingue de los autores mesetarios».

Martín sostiene que en Félix Casanova de Ayala confluyen tres poetas; el que milita en las vanguardias, preocupado por los últimos movimientos literarios y su aventura tangencial con el postismo; el autor consciente de la condición existencial a través de la palabra; y un poeta cínico, directo y comprometido «que trata de tú a tú los problemas de la gente».

Por su lado, Domingo-Luis Hernández considera que el autor gomero es poeta «en el más alto sentido de la palabra: y lo es por formación, por criterio, por actitud». El experto cree que ocupa una importante posición en la historia de la literatura porque «tuvo el valor y el arrojo de asentarse en el lugar más incitante de la poesía de su época. Hablo del llamado postismo, que poetas como Eduardo Chicharro, Carlos Edmundo de Ory o Silvano Sernesi instituyeron», afirma el también escritor, quien mantuvo una larga e intensa relación con el gomero sobre todo, cuando preparó junto a él el primer monográfico sobre su poesía, Félix Casanova de Ayala. La visión del postismo. «Era un excelente y sagaz lector, con unas ideas muy claras y profundas sobre la poesía, del que podías aprender cosas sublimes», recuerda de sus largas charlas en su casa, generalmente, en su consulta de dentista, con aparatos anacrónicos que le suscitaban un miedo atroz, confiesa Hernández.

La poesía de Casanova quedó sin etiquetar porque combinaba humor, existencialismo, experimentación formal y compromiso político. «Una de las características de la poesía de Félix Casanova es la de ser profundamente humana», resalta Hernández, que recuerda que en la Guerra Civil, Casanova sirvió como médico en el bando republicano y, al acabar, fue condenado a muerte. Pena de la que se salvó.

Este compromiso político quedó reflejado en obras de tono casi épico como Oración (1963), Elegía aullada (1964), Cancionero del mitin (1977) o Estampido del gato acorralado (1979).

Y es que Casanova fue muy activo en este campo, llegando a presentarse como candidato al Senado en las filas de  Unión del Pueblo Canario (UPC) en las elecciones de 1978. «Recuerdo un almuerzo con escritores y periodistas en un restaurante de la Cuesta de Arguijón (Tenerife). A los postres me dijo confidencialmente: ya puedo enseñarlo. Sacó su cartera y de ella sacó el carnet del Partido Comunista de España que acababa de ser legalizado», recuerda su amigo el escritor y actor Antonio Abdo, quien se queja del poco reconocimiento que ha recibido el legado de Casanova de Ayala. «Le debemos mucho y nadie ha hecho lo más mínimo por divulgarlo», apunta.

También ayudó a su olvido el hecho de que en los últimos años de su existencia se dedicara a divulgar y editar la poesía de su hijo, Félix Francisco Casanova, quien puso fin a su vida en 1976, con solo 19 años.

Hasta ese momento, en la casa de los Casanova, padre e hijo jugueteaban con las palabras. De hecho firmaron conjuntamente varios poemarios, como Cuello de botella y Los botones de la piel.

«La vitalidad de su hijo Félix le sobrepasaba. Él era un revolucionario del lenguaje surrealista, pero el hijo no solo era un revolucionario del lenguaje, sino en la apariencia, en la capacidad de asombrar a todos los que tenía alrededor con su alegría», explica Cruz sobre la personalidad literaria del joven que sobrevivió a su padre. Ejemplo de ello es el proyecto discográfico Música de ozono, de Fuckin Four Factory, inspirado en los versos del poeta palmero y cuyos temas se presentarán en directo en San Martín Centro de Cultura Contemporánea, en  la capital grancanaria, el  8 de mayo.
«Su hijo vino a aportarle todo aquello que buscó en toda su vida de escritor. La más rabiosa modernidad», apostilla Abdo.

APUNTES BIOGRÁFICOS. Nacido en 1915 en La Gomera, Félix Casanova de Ayala se fue a Madrid a estudiar medicina y no regresó hasta 1953. Su carrera de Estomatología se vio interrumpida por la Guerra Civil. Con el bando republicano, intervino en la defensa de Brunete y Levante, cayendo prisionero en esta última y permaneciendo en campos de concentración hasta finalizada la contienda.

Su actividad poética comenzó en los años 40 y contactó con los miembros del movimiento postista, una corriente que ejercía el postsurrealismo literario. De estos años son sus dos primeros libros, editados con El pájaro de paja: El paisaje contiguo (1952) y La vieja casa (1953).

En 1954 se instala definitivamente en La Palma y se casa con Concepción Martín. En 1956 nace Félix Francisco Casanova. En el 59, coincidiendo con el nacimiento de su segundo hijo, José Bernardo, publica su antología Conquista del sosiego. En los años 62, 63 y 64 ven la luz Otoño mío, Oración para un nuevo día y Elegía aullada. Todos editados en la Península. Otoño mío fue publicado en Francia en 1963.

En 1967 se instala en Tenerife y publica en la prensa local su novela El collar de caracoles. Crucero de verano (1971), El visitante (1975), Estampido del gato acorralado (1979) y los poemarios que escribió con su hijo Félix Francisco: Cuello de botella y Los botones de la piel (1986), son algunos de sus títulos más destacados.

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