lun. Mar 25th, 2019

La mendacidad de la mal llamada aristocracia política de un pueblo de La Gomera

Tener título nobiliario no siempre es síntoma de tener un raciocinio adecuado y no siempre lo alegado debe ser cierto o tan siquiera media verdad.

Las malas posturas de una persona, las malas mañas pueden ser notadas como el olor de los gorrinos, es decir, se nota a lo lejos, a grandes distancias o leguas, pues su penetrante pestilencia es notable y asquerosamente inconfundible.

Las malas artes y las malas mañas no se notan por lo que una lengua afilada pueda contar, en todo caso lo será por sus malas artes u hechos sobre los que las personas hemos de juzgar a los demás.

Llegados a este punto, y para no aburrir al lector, hay que indicar que intentar cambiar los hechos, intentar cambiar la historia siempre ha sido una actitud muy propia de aquellos que han ejercido el poder con gran dosis de cesarismo.

Nos recuerda en este relato el caso de Agripina que decidida a vengarse ella y sus amigos influyentes acusaron a Pisón y a Plancina de traición.

Tiberio, el emperador, no tuvo más remedio que presidir el juicio y aceptar la condena de su amigo, quien se suicidó y Plancina, en cambio, fue juzgada.

En una ocasión Tiberio le replicó con un verso griego: «Si no eres la que mandas, te parece que te ofenden». En lo sucesivo dejó de dirigirle la palabra.

No me extiendo hoy mas en este relato que a raíz de cosas hoy vistas se me ha ocurrido, pero que en nada se parece a la realidad, y donde cualquier coincidencia es fruto de la ardiente imaginación que el lector pueda tener o de quien su pueda sentir identificado en este personaje.

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