sáb. Mar 23rd, 2019

La izquierda

“Ser de izquierdas es optar por los pobres, indignarse ante la exclusión social, inconformarse con toda forma de injusticia o, como decía Bobbio, considerar una aberración la desigualdad social”…y todo ello debe formar parte de una propuesta de gobierno y de país.

La izquierda está hecha unos zorros. Unos, los socialistas, pretenden seducir a la nueva derecha emergente, buscando compromisos futuros de gobierno. Inevitablemente necesitan jugar con la moderación y vincular la misma no a un código de conducta sino a la rendición política ante el liberalismo. En territorio transversal emergen nuevos actores como Podemos, que llegaron a la política con tambores de guerra e indignación y se asientan en ella con melodías desafinadas, que convierten a sus protagonistas en pragmáticos broker de la bolsa electoral. En un rincón de la sala  al que han llegado con sostenida terquedad, habitan dirigentes erráticos de IU -jóvenes y viejos-  que sugirieron descubrir un mundo alternativo de deseos comunes y acabaron en brazos de la más abrupta miseria intelectual y política. Proclaman la unidad popular con el mismo empeño que liquidan el debate en su interior. En el entorno de este troceado territorio reclaman su presencia las más variadas y extravagantes voces que echan pestes de la política  a la vez que se disponen a vivir de ella. La crónica de este mapa de logos y siglas exigiría para su comprensión un depurado manual sin poder garantizar a cambio la solución del jeroglífico. En este galimatías reside la principal fuerza de la derecha, no en su propia capacidad de seducción.

En un anterior artículo me detenía en afirmar que la llamada “unidad popular”, según la entendían sus principales voceros, había llegado para acabar con el ideario de la izquierda, y de forma más precisa, con Izquierda Unida. ¿Por qué? Porque al calor de la retórica popular y populista emergieron formaciones políticas con un nuevo y tramposo lenguaje (poder popular, los de arriba y los de abajo, transversalidad y mayorías ciudadanas, tiempo de cambio, los partidos del régimen, la traición de la transición, la casta…) que tomaba el relevo de ideas y discursos con frecuencia dogmáticos y encapsulados, pero NO a manos de quienes reivindicaban la vigencia de la izquierda, sino de aquellos que, atrapados por la urgencia de su propio futuro, acudieron raudos al territorio de los comunes. Y lo peor de todo es que este encuentro de y con los de abajo, no se hizo con luz y taquígrafos como gusta proclamar a sus mentores, sino desde la penumbra de las reuniones y conversaciones de buhardilla, en ocasiones filtradas a algunas fuentes por la debilidad y afán de notoriedad de sus protagonistas. Habitualmente, los órganos de dirección de IU, recibían información oficial después de múltiples y diversas noticias en la llamada prensa comercial. Cosas de la nueva política.

Dieciséis meses de diálogo frecuente entre amigos y confluyentes y a tan solo unas semanas de que cierre el registro de candidaturas, Podemos decide prescindir de IU en su estrategia de “unidad popular”, y lo hace lamentando que Garzón no vaya en sus listas. “Todo se truncó cuando empezamos a negociar con IU y no con la gente de Garzón”, señalaron en Podemos. En la dirección de IU echaron mano de la más solemne impostura y todo aquello que habían rechazado y difamado -expulsión de los 5000 militantes de IUCM, incluida- pasó a ser doctrina oficial, eso sí, manteniendo algunas figuras fabuladas, como corresponde a los impostores: se presentarán a las primarias de Ahora en Común, convirtiendo la política en magia y tratando de disfrazar de unidad popular lo que simple y llanamente es una candidatura de Izquierda Unida. No faltarán a la cita de las primarias otras voces que, a falta de ideas esgriman ocurrencias, en una conducta difícilmente compatible con la dignidad que ha caracterizado sus últimas actuaciones. Quizás si Podemos hubiese respetado a Centella por Sevilla, nada de esto estaría pasando.

En defensa de la izquierda

En la Declaración Política de la Plataforma Cívica, después del referéndum de la OTAN del 12 marzo de 1986 y tras una Conferencia Política celebrada un año antes por el PCE, se sentaron las bases de la convergencia social y política en España. Sin trampas ni cartón. Allí se decía “…resulta imprescindible responder a esa profunda demanda social de cambio. Hace falta estructurar el impulso renovador existente en nuestra sociedad, dotándole de coherencia y de amplios apoyos sociales. Se trata de estimular, a partir de la sociedad civil, una agregación de fuerzas sociales y políticas capaces de definir una alternativa desde la cual pueda vencerse el cúmulo de residuos conservadores y de intereses corporativos en cuya órbita se mueve el gobierno actual. Todo ello en el marco de un amplio proceso en donde se articulen fuerzas sociales, políticas y culturales hoy dispersas para la puesta en práctica de un proyecto de transformación de la sociedad española”. Se estaba anunciando el nacimiento de Izquierda Unida. ¿Tan difícil es hablar claro, sin rodeos, sin relatos fabulados y enrevesados?

No faltan quienes, ajenos a lo que fue el nacimiento de IU, levantan acta de defunción del proyecto y a golpe de unidad popular y reagrupamientos de ficción, proponen un nuevo sujeto político, cual expertos en camuflaje. Y llevan camino de conseguirlo (lo de la defunción), porque no es fácil encontrar en la reciente historia de los partidos políticos, un grupo de dirigentes más empeñado en acabar con su propia organización que el actual de Izquierda Unida. Entraron en coma tras las elecciones europeas, en sus despertares actuaron de forma errática y cuando la realidad exigió hechos y no palabras, llegaron tarde. Ahora, la unidad popular les juega una mala pasada, su interlocutor privilegiado deja de quererles y con más conveniencia que credibilidad descalifican a su partenaire, y abrazan la identidad a modo de AeC a dos meses de las elecciones. Con más coherencia, más democracia y menos opacidad, IUCM tomó una decisión similar y, como hemos dicho, sus 5.000 afiliadas/os fueron expulsados de Izquierda Unida. Sería inútil ignorar o negar la derrota electoral sufrida el 24 de mayo en Madrid; pero no es fácil en la actualidad pedir el voto para una formación política, cuyos portavoces públicos, especialmente el candidato, nos asoció a lo peor de la política madrileña y repitió hasta la saciedad que NO había que votar a IUCM, sino a Ahora Madrid y Podemos.

A nosotros, los de IUCM, nos sigue gustando la izquierda de los derechos civiles y democráticos, del ecologismo político y del medio ambiente, del estado de bienestar y de los servicios públicos; pero sobre todo nos gusta la izquierda de la igualdad, o lo que es lo mismo, la izquierda que considera una aberración la desigualdad (social y de género) y la pobreza, que cree imprescindible un discurso económico sólido y solvente, que está convencida de que la economía funciona mejor cuando funciona para todos, que si el aumento de la desigualdad es connatural al sistema capitalista, deberán ser los poderes públicos los que hagan frente a la situación con una fiscalidad progresiva y justa sobre la renta y un impuesto mundial sobre la riqueza o patrimonio. En definitiva, una izquierda que no se rinde al liberalismo y que presta aquí y ahora especial atención a la capacidad de las personas y los hogares para responder al desempleo, la adversidad o la pobreza. No creo equivocarme mucho si afirmo que a ello obedeció la fundación de Izquierda Unida. Y tampoco me equivocaré mucho si advierto que poco o nada tiene que ver esto con la retórica hueca y desalmada de la llamada unidad popular. Las gentes de IUCM estamos dispuestas a mantener este discurso y crearemos para ello el foro de reflexión y acción adecuado en las próximas semanas.

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