lun. Mar 25th, 2019

Texto homenaje a Sito Simancas

Siempre que vengo al pueblo de donde proviene mi familia, -menos de lo que querría- me ocurre algo curioso, al menos para mí: a pesar de que tengo insomnio crónico es el único lugar del mundo donde logro dormir, incluso de día, como si mi cuerpo y mi mente supiesen que Playa de Santiago es donde puedo estar completamente en paz con todo.

Tengo el recuerdo, muy pequeña, de ver a “mi lejana familia de La Gomera”, venir a casa de mi abuela a visitarnos. Por aquel entonces, a finales de los ochenta, dos de los hermanos de Clara, Sito y Pepín, me parecían idénticos, tanto físicamente como por aquel acento gomero marcado, casi incomprensible para mí por aquel entonces. Para distinguirlos tenía un truco, le miraba la mano a Pepín, sabía que era a él a quien le faltaba la punta de un dedo. Cuando volvían a marchar le preguntaba a mi abuela: “¿Cómo perdió el dedo tu hermano pequeño?” y ella, siempre, durante los veintinueve años que conviví con ella en este mundo me dio la misma respuesta: “Pepín era pescador y una noche en la mar, le comió el dedo una sirena”, y yo la creí la primera vez y luego decidí no buscar otra respuesta, para mí siempre fue mi tío el que amó a las sirenas tanto como para regalarles su dedo.

Sito es uno entre nueve hermanos de los hijos de Pepe “El chico” y Armida, y ahora mismo el cabeza de familia de esta suerte de “Buendías” que somos los Simancas – Megolla, con nuestros lazos de sangre y nuestros lazos de amor más allá de ella, sin tener bien claro a veces de dónde venimos pero que, como le digo a mi tía Bella y a mi tío Sito cuando me despido: “Nos vemos poco, pero nos queremos mucho”. Ahora Sito nos guía en este recorrido, como siempre ha hecho, con su sonrisa perenne en la cara, incluso cuando no sabes bien porqué. Hace poco estaba con él en una habitación de un lugar nada agradable, yo tenía el semblante serio y miraba al suelo, y Sito de pronto, como si supiera exactamente lo que yo quería escuchar me dijo: “Sabina, a ver si encuentras quién escribió esta frase: Sonríe siempre, aunque estés triste, porque más triste que tu sonrisa triste es la tristeza de no saber sonreír”. Y supongo que es de esta manera y no de otra como Sito se ha ganado los corazones de tantas personas a lo largo de los años, porque a veces sientes que no te hace falta hablar, y que aunque él hable mucho, escucha más, y sabe, no lo que debe decir, o lo que esperan de él, sino lo que cada amigo necesita escuchar en cada momento. Sito no solo es una persona noble, alguien en quien confiar y el que está ahí para literal o metafóricamente, echarte un cable cuando lo necesitas, es, al menos como yo lo veo, el mejor oyente que conozco, aun cuando crees que está en otro lugar, te está escuchando, y sabe, seguramente, lo que sientes antes de que te des cuenta.

En esta familia enorme, donde algunos están aquí presentes, otros están lejos o no saben que forman parte de ella aún, y otros están ya solo en nuestra memoria, siempre nos hemos guiado por la imaginación, por la libertad y por poner a nuestros seres queridos por delante de cualquier otra cosa, en esta familia, donde un día de Carnavales a los quince años empiezas a hablar con un chico amigo de un amigo y a los diez minutos descubres que es tu primo, como me pasó con Carlos Jesús, o donde alguien de pronto te dice: “¿Tú eres de Clarita? Yo soy de Antonio”, no caben las dudas y no te falta nunca la sensación de saberte querido, acompañado y rodeado en ningún momento. Cualquier cosa que pueda hacerte un poco más feliz, el otro te la ofrecerá, pueda o no la tenga a mano, siempre, como cuando hace ya más de cincuenta años empezó Sito con su Radio Ritmo, ese coche que llevaba de fiesta en fiesta, y mientras los demás bailaban él se mantenía a su distancia. Mi madre me contaba, y me da muchas veces pena haber nacido en los ochenta y perderme tantas cosas, que Sito estaba preocupado porque la música sonase perfecta dentro de las posibilidades, su objetivo: que los demás siguiesen bailando sin pensar en nada más que en disfrutar, su disfrute era otro, que la fiesta hiciese olvidar a cada uno de aquellos conocidos y desconocidos, todo eso que él bien sabía: la escasez, la falta de recursos, el trabajo duro y a fin de cuentas, el día a día, ese que nos arrastra sin que nos demos cuenta.

Hoy, de regreso a la tierra en la que siento que pertenezco, no puedo más que pensar que si intento siempre contar historias, y siento la necesidad de escucharlas, sí, soy curiosa y cotilla por naturaleza, es por mi familia, porque siempre me animaron a ser libre, porque siempre hemos tenido dos objetivos: ser felices y que los demás lo sean, y no necesariamente en ese orden. Sito dice a veces que el inventó el Facebook, el “Faceguagua” como él lo llama, antes de que existiese, con su “Chinchorro”, ese patio entrañable de vecinos donde vas a saludar, a contar lo que quieras o simplemente a escuchar, donde puedes rezar el Rosario o no creer en Dios, que siempre serás bienvenido: el espíritu, La Voz de La Gomera. Todos sabemos de símbolos canarios, de lo que nos dicen que es canario y razón no les falta, pero ¿Qué es más canario que quien está plantando papas con su transistor al lado? Escuchando a Los Huaracheros mientras hace la comida, o esperando escuchar a su primo mandándole un saludo desde Venzuela?

Todo eso es él y es su Onda Tagoror, por eso estamos aquí, por quienes no tienen internet y no pueden escucharnos por las redes, por todos ellos debemos luchar. Por eso nos reunimos hoy aquí, por un hombre que ha dedicado su vida entera a hacernos felices a los demás aún cuando los tiempo no eran los mejores, por ese niño que iba cargando pescado desde Playa Santiago hasta La Villa con su hermana y ahora reparte cariño a través de las ondas, por ese hombre que si fuera escritor, no solo con su vida, sino con la de todos aquellos a los que ha escuchado contar la suya, estoy segura de que escribiría el libro más hermoso del mundo.

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