lun. Mar 25th, 2019

LGSM: “Sentimientos olvidados” de cuando el fuego entro en el pueblo de Valle Gran Rey

Esperanza, esperanza era el sentimiento que abundaba en Valle Gran Rey justo hace dos años, en la mañana de aquel 12 de agosto de 2012.

El pueblo se levantaba de lo que había podido ser una noche trágica. Con la luz del sol los medios seguirían actuando apoyados por aviones y helicópteros y los evacuados de la zona alta pronto podrían volver a sus casas.

Se oían comentarios como: “si anoche no bajó el fuego, ya no baja”, “escapamos de esta”,… y era lógico hablar así: los retenes que actuaban durante la noche habían conseguido, a pesar del fuerte viento, frenar esas llamas que se veían aparecer en lo alto de los riscos de Guadá, por lo que, con los medios aéreos actuando todo el día, se lograría controlar del todo. Esa era la esperanza de todo un pueblo, pero no fue así.

Durante todo el día las descargas de agua se hacían en el monte, lejos de aquellas lomas, mientras se ignoraban las llamadas de vecinos alertando de varios conatos que se desarrollaron a lo largo del día.

¿Por qué no se hicieron caso a esas llamadas? ¿Por qué no interesaba apagar eso que estaba volviendo a coger fuerza? ¿Es que no eran conscientes de la desgracia que podría ocurrir? ¿No se sabía cómo estaba el barranco?

A medida que caía la tarde, ese sentimiento de esperanza se iba convirtiendo otra vez en angustia y miedo. El viento estaba descontrolado y el ambiente quemaba del calor que hacía.

Y a las 11 de la noche, EL INFIERNO. “Ya bajó”, “El fuego está descontrolado”, “se quemó Guadá”.

En cuestión de una hora recorrió todo el valle. Ya la esperanza había quedado a un lado. Ahora los sentimientos eran de terror, miedo, angustia, desesperación,…

Llegaban noticias de todo tipo al muelle. Noticias alentadoras para unos, pero trágicas para otros. Y eso cuando había noticias, lo pero era sin duda la incertidumbre, por las casas, los animales, los terrenos, las propiedades, pero sobre todo por los familiares que estaban dentro de ese infierno.

La noche se hacía larga, muy larga, y de repente aparecieron dos barcos a rescatarnos. Sí, y atracaron en ese muelle donde se supone que no se puede atracar. En ellos venían, cual salvadores, dos de nuestros “queridos” gobernantes, que tanto han hecho por nuestro pueblo (nótese la ironía) Pero no se bajaron, puede que por sentimientos de culpabilidad o simplemente por no terminar lanzados al agua.

Mucha gente decidió subirse a esos barcos y abandonar el pueblo y otros muchos se quedaron aquí, unos en casas de familias, otros en los coches, y otros caminando durante horas para que esa noche por fin terminara.

De esas horas trágicas de angustias nos llegaron las grabaciones de “Venturita” Del Carmen y Humberto Gutiérrez: “trasládenlos al albergue de la Casa de La Seda”; “que vayan pa la mar”; “eso van a ser cuatro palmeras y alguna casa”… es lo que suele pasar cuando se gestiona desde otra isla, o simplemente cuando no se tiene ni idea. Ignorancia e incompetencia a partes iguales.

Y por fin amaneció… la imagen que desde la zona baja se veía al mirar hacia arriba era desoladora. El olor era insoportable. Y las noticias, buenas o malas, no paraban de llegar. Después la lotería de la tristeza, comprobar si el caprichoso fuego te había tocado o no. Comprobar si aún tenías casa o no. Preguntarte por qué te tocaba a ti.

Las imágenes que íbamos viendo eran aterradoras. El barranco completamente negro, casas quemadas, animales calcinados en vida,…

Con el paso del tiempo, ha venido la resignación por parte de muchos. Pero, ¿Realmente tenemos debemos resignarnos? ¿Es que acaso tenemos nosotros la culpa de que se nos haya quemado el pueblo? ¿Bajamos nosotros los niveles? ¿Vaciamos la Presa de Acanabre? ¿Somos culpables de no tener un helicóptero capaz de actuar rápidamente y repostar aquí? ¿Dónde están las ayudas? ¿Dónde están los culpables y responsables?

Dos años después muchos seguimos recordando el 12 de agosto con rabia y con dolor. Muchos otros piensan que esas cosas es mejor olvidarlas, que hacen daño. Y es cierto, recordar a veces duele, pero ayuda,…ayuda a tener presente que nos dejaron desamparados y que han hecho muy poco o nada para ayudar a los que lo perdieron todo.

Los recuerdos son algo nuestro, algo que ningún fuego va a quemar ni destruir, algo que solo el olvido hará que desaparezcan. A todos los que perdieron algo en el incendio, les queda lo más importante, LOS RECUERDOS.

¡NO DEBEMOS OLVIDARNOS NUNCA! ¡NOSOTROS NO VAMOS A OLVIDARLO NUNCA!

LaGomeraSeMueve

 

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