sáb. Mar 23rd, 2019

¿Sabes de quién es la culpa?

La culpa es de los políticos. Qué a gusto se queda uno cuando dice eso. Los políticos podrían poner coto a la codicia de la banca, las grandes corporaciones y las grandes fortunas. Los políticos están vendidos. Y los sindicalistas, que en realidad también son políticos. Tú no tienes ninguna culpa. La culpa es del sistema que han diseñado los políticos. Tú eres un mandado, un ciudadano indefenso. No te interesa esto que llaman política, para ti la política debería ser otra cosa, pero tienes algo claro: la culpa de lo que te pasa a ti es de los políticos. Tu responsabilidad llega como mucho a ejercer un voto de castigo cada cuatro años, aunque no valga de nada. Y si no vale de nada la culpa es de la ley electoral que han decidido los políticos (que son los auténticos culpables).

Tú, ya decimos, como mucho un voto de castigo o, mejor: no votar. Así permaneces aún más puro: no tienes las manos manchadas, como los políticos, los culpables, esos que no quieren una auténtica democracia, que sirven a
intereses personales, que solo quieren hacer carrera. Tú no te manchas las manos porque esto no es una auténtica democracia, así que no merece la pena.

‘Fulanito se ha afiliado a un partido o a un sindicato’. Uf, qué asco. Querrá medrar, querrá forrarse, querrá vivir del cuento, como todos los políticos: los culpables. Fulanito, como se ha afiliado a una organización, ha perdido su capacidad crítica, acatará todo lo que le digan, se venderá. Porque ya se sabe: en los partidos nadie piensa, todos son iguales, marcando el paso, no hay debate, nada cambia. Esto no es una democracia, es una partitocracia.

La democracia es otra cosa: tú sí que sabes cómo debería ser, sabes qué es lo que hace falta. Pero mejor dejarla en manos de otros. Los políticos, los culpables. ¿Para qué vas a afiliarte a un partido e intentar cambiarlo? ¿O afiliarte a uno pequeño, distinto, o incluso a fundar uno? Uno que, por ejemplo, quiera cambiar la ley electoral. ¿Sabes el esfuerzo que requiere eso? Perder horas y horas en papeleo, estatutos, debates. Además, ¿cuántos años tendrían que pasar para lograr la influencia necesaria que permitiera forzar un cambio de la ley electoral, o cualquier otra medida que suponga, de verdad, más democracia? Muchos años, mucho esfuerzo y muchas probabilidades de no conseguir nada. Sería la única vía, pero no merece la pena. Que lo intenten otros, si quieren. Pero cuando lo intenten se convertirán en políticos, o sea, en culpables.

Pero tú sabes que la democracia no sólo se construye desde un partido o un sindicato. También desde fundaciones, ONG, asociaciones, medios de comunicación… Uf, ya se sabe lo que buscan: sacar tajada, desgravar impuestos, buscarse un modo de vida con la coartada de ayudar a los demás. La culpa no es sólo de los políticos y los sindicalistas, es de todos los que se impliquen en cualquier organización: algo querrán.

Todo el que salga a la palestra, opine en voz alta, monte algo, se haga notar o se exponga a la crítica, aunque haga sacrificios, aunque se arriesgue dando la cara: algo turbio querrá. Protagonismo como mínimo.

Es más: ¿Para qué ir a manifestaciones, si no sirven prácticamente de nada? Tampoco sirve de nada hacer huelga, ni firmar manifiestos o campañas ciudadanas. Como mucho alguna victoria parcial, poca cosa. Nada, nada, tú mejor en casa, sin mancharte las manos. Puro. En paro o explotado en el curro, sin expectativas, jodido, pero puro.

Si esto no es una democracia o no la democracia que a ti te gustaría, ya sabes de quién es la culpa.

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